Más de 20 años después de la histórica boda de Diana y Carlos, el Reino Unido vuelve a vestirse de gala.

Es que la historia de amor del príncipe Guillermo, segundo en la línea de sucesión de la Corona británica, y Kate Middleton, que comenzó en 2001 cuando los jóvenes se conocieron en la Universidad de St Andrews en Escocia, llega mañana al altar con la pretensión de darle un nuevo impulso a la monarquía.

El enlace entre el príncipe Guillermo y Catherine Elizabeth Middleton, percibidos como una pareja atractiva y moderna, es la esperanza de Buckingham para cambiar la imagen de la realeza en los años venideros. Siempre que se muestre como un matrimonio duradero y rompa con la tradición de divorcios y separaciones reales de las últimas décadas que sumieron en el escándalo a la corona.

La pareja, de 29 años, se ha convertido en el vivo reflejo de la evolución de la sociedad. Dos jóvenes enamorados que después de varios años de relación y convivencia se deciden a pasar por el altar.

"Diana se casó con 20 años, virgen, estaba muy protegida y era muy inocente. Kate en cambio se casa más mayor, es más madura y lleva muchos años de relación con Guillermo", señala María José Navarro, directora de la Web bodabook.com en declaraciones a Europa Press.

Y es que Kate es un auténtica novia del siglo XXI, con sus preocupaciones sobre la ceremonia, con voz y voto en las decisiones y con las ideas claras. Diana, por el contrario, nunca llegó a convivir con su marido y su historia parecía escrita como un cuento de princesas con un trágico final.

La boda real, como se ha denominado a este fenómeno que seguirán en vivo más de 2.000 millones de personas en el mundo, comenzará a las 11 de la mañana de Londres (7 en Argentina) en la abadía de Westminster y durará una hora y cuarto, tras lo cual los recién casados recorrerán en una carroza el centro de Londres hasta el palacio de Buckingham, donde saldrán al balcón para saludar.

El protocolo marcará al milímetro el desarrollo de la boda, con la llegada al templo a las 8 de la mañana local de los primeros 1.900 invitados, a los que St James’s Palace, residencia del príncipe Carlos y sus hijos, ha denominado "la congregación principal".

Los siguientes en llegar serán los jefes de Estado y de Gobierno extranjeros y los miembros de las familias reales, que deberán empezar a ponerse en sus sitios a las 10 de la mañana.

Tal y como dicta el protocolo, el novio y el resto de miembros de la familia real británica, con la reina Isabel al frente, serán los últimos en llegar, minutos antes de la entrada de la novia.

Será a las 11 en punto de la mañana, pero quienes estén en las inmediaciones de la abadía y quienes sigan la retransmisión por televisión habrán tenido antes la oportunidad de ver el vestido de la novia, el secreto mejor guardado de la primera "boda del siglo".

Según informó recientemente el diario "The Daily Telegraph", Kate ha encargado tres vestidos distintos para garantizar la sorpresa mañana 29 de abril, en el caso de que haya filtraciones previas.

La novia se trasladará a Westminster en una limusina de color negro y granate, el Rolls-Royce Phantom VI, un regalo que el fabricante de coches de lujo hizo a la casa real en 1977 y que es más conocido como el "Rolls-Royce One", tiene el techo y la parte trasera de cristal, lo que permitirá ver el vestido.

La novia tomó personalmente la decisión de ser trasladada hasta la abadía en un coche, en contraste con la tradición mantenida hasta ahora de carruajes de caballos, con el objetivo de ofrecer una imagen de modernidad y de cierta austeridad en esta boda.

Michael Middleton acompañará a su hija al altar, donde le esperará el príncipe Guillermo, junto al deán de la abadía de Westminster, John Hall; el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y el obispo de Londres, Richard Carew, encargados de la ceremonia.

El obispo de Londres, que en las últimas semanas confirmó a la novia en la fe anglicana, es amigo personal del príncipe Carlos y conoce desde hace muchos años al príncipe Guillermo, fue el encargado de oficiar el funeral de Diana de Gales en 1997.

El deán dirigirá el oficio religioso, el obispo leerá la homilía y el arzobispo de Canterbury los convertirá en marido y mujer.

A partir de ese momento, Kate Middleton se convertirá, como en un cuento de hadas, en la princesa Catalina.

El momento más esperado del día se dará a las 13.25 hora de Londres (9.25 de Argentina) cuando los recién casados salgan al balcón del palacio de Buckingham para el beso del nuevo matrimonio que hará rugir a la multitud que ya lleva días acampando para no perderse detalle de la boda real.