Dilma Rousseff del oficialista Partido de los Trabajadores y José Serra del partido de la Social Democracia Brasileña, se medirán en segunda vuelta y hay algunas propuestas, diferentes entre sí, que pueden ser claves para la elección presidencial.
En relación a la estabilidad económica los dos indicaron que mantendrían las políticas de mercado que han asegurado estabilidad económica en la última década: un tipo de cambio flotante, control de la inflación y disciplina fiscal. Sin embrago una de las diferencias más relevantes entre Rousseff y Serra se basa en las reformas estructurales del país, y si bien ambos coinciden en la necesidad de reformar el complicado sistema tributario de Brasil para alentar las inversiones tienen propuestas diferentes para lograr este objetivo. Rousseff convirtió la reforma tributaria en una prioridad y sus propuestas incluyen rebajas de impuestos al capital de inversión y a las remuneraciones, además de armonizar los niveles de gravámenes estatales. Serra, por otra parte, quiere reformar el sistema previsional mediante el recorte de los beneficios para funcionarios públicos, mientras que la candidata de Lula favorece una reforma que recaude más dinero para financiar el creciente déficit previsional y alteraría algunas reglas de jubilación.
Otro de puntos que marcan una brecha importante entre los candidatos al balotaje es la industria petrolera, una de las más importantes en la economía brasileña. Por un lado está la oficialista que apoya completamente el esfuerzo de Lula por aumentar el control gubernamental sobre reservas de petróleo, y la medida incluye la creación de una nueva compañía estatal para administrar las reservas, una exigencia de que la estatal Petrobras sea la operadora y la creación de un nuevo fondo para invertir las ganancias del crudo en educación, salud y desarrollo. En cambio el socialdemócrata critica la reforma y dice que el modelo actual era adecuado para desarrollar nuevas reservas. El candidato señala que no hay necesidad de crear más burocracia con una nueva petrolera estatal.
La política exterior es otra de las discrepancias que tienen los posibles presidentes de Brasil. Serra ha criticado los estrechos vínculos de Lula con aliados de izquierda en Latinoamérica y con Irán. La flexibilización de esos lazos podría afectar inversiones de energía en Bolivia y Venezuela, donde la estatal Petrobras tiene grandes inversiones. También llamó a una reforma del grupo de comercio sudamericano Mercosur y a firmar más acuerdos bilaterales de libre comercio. En cambio Rousseff favorece la continuación de los objetivos de la política de Lula, incluyendo la integración regional y una mayor voz de los países en desarrollo. No obstante, dada su mayor prioridad en asuntos nacionales y su menor perfil internacional, es menos probable que continúe la diplomacia de alto perfil establecida por Lula.

