Perú es uno de los tantos ejemplos donde se manifiestan luchas sociales que antes no se producían en el planeta. Tienen que ver con la ecología y la defensa del medio ambiente. El año pasado el parlamento peruano aprobó una serie de decretos-leyes, autorizando la explotación de diferentes recursos que forman parte de la selva amazónica peruana. Los habitantes de la zona, en su mayoría indígenas pertenecientes a los grupos originarios, no fueron consultados.
Allí comenzaron los problemas, pues los pobladores entendieron que la nueva legislación permitiría una explotación desenfrenada de las riquezas naturales. La madera de la selva, las frutas tropicales, además del agua de ríos y lagos. Muy pronto surgieron organizaciones sociales que, ante la negativa de las autoridades de Lima a negociar, plantearon un extenso plan de lucha. Entre otras cosas el mismo establecía bloqueo de carreteras y toma pacífica de edificios públicos.
El 5 de junio, el presidente peruano Alan García decidió aplicar medidas represivas fuertes. Las acciones más importantes se produjeron en el departamento de Bagua, en el norte del país. El resultado fue dramático: 23 policías y 9 civiles resultaron muertos, aunque las organizaciones sociales afirman que estos últimos son muchos más.
Los enfrentamientos no sólo fueron violentos, sino que demostraron una organización y utilización de armas por parte de los manifestantes que los pone en la frontera de la lucha insurreccional. La prueba es que el 6 de junio, los manifestantes ocuparon una estación de servicio y tomaron como rehenes a 38 policías; cuando fueron liberados por el ejército, 9 de ellos ya estaban muertos.
Estos sucesos han tenido una repercusión muy importante en todo el país y son numerosas las marchas que se han realizado en apoyo de los indígenas. Una de las más importantes se realizó en Lima, la capital del Perú, y a pocas cuadras del palacio presidencial. Inclusive Carmen Vildoso, la ministro de la Mujer y Desarrollo Social, presentó su renuncia en desacuerdo con cómo se ha intentado resolver el problema por parte de las autoridades. La situación también tiene sus repercusiones internacionales pues, el gobierno peruano acusa a Evo Morales, el presidente de Bolivia, de instigar a quienes protestan. Además Alberto Pizarro, uno de los dirigentes de las protestas, actualmente está refugiado en la embajada de Nicaragua en Lima. Está convencido de que la policía secreta ha recibido orden de asesinarlo.
Al gobierno no le ha quedado más remedio que dar marcha atrás. Los diputados oficialistas recibieron la orden de aprobar un despacho, suspendiendo los decretos que permiten una explotación tan dañina de los recursos naturales. Los manifestantes van por más, quieren la anulación de las disposiciones y piden la renuncia del jefe de gabinete peruano.
La magnitud del mismo no deja de llamar la atención. Siempre se ha tenido la impresión de que el eje de la problemática social ha estado en la sierra y en la costa. Al menos es lo que refleja gran parte de la excelente literatura peruana. Basta leer "El Mundo es ancho y ajeno" de Ciro Alegría, para darse cuenta. Sin embargo, la selva ocupa el 65 por ciento de la superficie del país. Son las extensas zonas donde nace el río Amazonas. Paisajes bellísimos que guardan riquezas incontables. Allí viven unas 500.000 personas, distribuidas, en más de 60 etnias diferentes. Son ellos los que ahora están escribiendo la Historia peruana.
En otros lugares están ocurriendo cosas parecidas, la defensa del medio ambiento ha pasado a estar en el tope de las agendas de quienes tienen poder político para tomar decisiones. Esperemos que sean las mejores.
