El abatimiento del "Mono Jojoy", jefe militar de las FARC y uno de los hombres más respetados al interior del grupo rebelde, le abre la posibilidad al presidente Juan Manuel Santos de llevar a la guerrilla, ya muy diezmada, a una mesa de diálogo, previa entrega de las armas.
Santos, cuya popularidad se disparó tras la exitosa operación "Sodoma", la que acabó el miércoles con la vida de Víctor Julio Suárez Rojas, alías "Mono Jojoy", lograría así a medio plazo lo que su antecesor y mentor, Álvaro Uribe, no pudo porque se lo impidió su visión radical del conflicto armado.
En una entrevista con Efe, el ex comisionado de paz Daniel García-Peña afirma que Santos tiene todo a su favor para liderar un cambio, pero advirtió de que si usa exclusivamente la vía militar no acabará con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la temida guerrilla.
García-Peña, también director de la ONG Planeta Paz y profesor de Ciencia Política de la Universidad Nacional, recuerda que el presidente colombiano ha abogado desde su llegada al poder por una agenda social que contribuiría al fin del conflicto.
"La estrategia más importante de Santos no es el eje militar, ni golpes como la caída de "Jojoy", sino haber colocado como prioridad de su Gobierno temas como la Reforma Agraria y la restitución de tierras a los desplazados", matiza el analista.
Porque, a su juicio, "si se ataca a la iniquidad en el campo se paraliza el caldo de cultivo de la insurgencia".
Lo relevante es que Santos busca combinar lo militar con lo social y esto permitiría "en el mediano plazo reabrir un proceso de diálogo pero en términos distintos al pasado".
Pero ahora, con la cúpula diezmada y la tropa desmoralizada por la caída de "Mono Jojoy", las FARC se sentarían en la mesa tras renunciar a la violencia y entregar las armas, tal y como les exige Santos.
Aún así, el ex comisionado de paz reconoce que "es difícil convencer a la guerrilla y al Gobierno" de iniciar un proceso de
paz; y también a la sociedad, "que no cree en el diálogo como salida efectiva por los fracasos del pasado y por los éxitos militares del presente".
Y "lo peligroso es que se crea la percepción de que la victoria militar es viable", según García-Peña. Lo positivo, para el analista, es que hay una diferencia clara entre la estrategia de guerra de Uribe (2002-2010) y las nuevas políticas del nuevo presidente de Colombia.
"Santos entiende que tarde o temprano esto tiene que terminar en una mesa de negociación; para Uribe la guerra era un enfrentamiento entre el bien y el mal, la misma concepción de George W. Bush, la eliminación total del enemigo, la guerra total", remarca.
Y prosigue: "Santos tiene una mirada más sofisticada, entiende la complejidad del conflicto y por tanto ve lo militar como una herramienta muy importante, como un componente fundamental, pero no el único".
El presidente colombiano lo tiene claro, según reconoce el director de la Fundación Arco Iris, León Valencia, quien en el diario El Tiempo escribe que Santos, aprovechando la debilidad de las FARC, continúa con la ofensiva militar y al tiempo ofrece posibilidades de negociación.
"La operación Sodoma le brindó al presidente Santos la posibilidad de abrir su cuatrienio con el más grande trofeo estratégico en la lucha antiguerrillera que mandatario alguno haya tenido", remató.
