El Tesoro de EE.UU. lanzó ayer su medida más agresiva para sanear la banca y restaurar el flujo en el mercado de crédito al anunciar que comprará, activos "tóxicos" -deudas incobrables- por un importe de hasta un billón de dólares, plan cuya clave será convencer a los inversores privados para que participen de la operación.
La medida, largamente esperada por los inversores, fue recibida con entusiasmo por las bolsas y especialmente por Wall Street que cerró con un alza de 6,84% impulsada por las acciones de los bancos.
Desde hace semanas, los expertos reprochaban al Gobierno de Barack Obama haberse distraído con otros planes y no haber actuado con contundencia en el epicentro de la crisis económica, como es la mala salud del sistema bancario.
Ya el pasado 10 de febrero, las bolsas se desplomaron al observar, decepcionadas, que el secretario del Tesoro, Timothy Geither, convocó a la prensa para hablar del plan y concluyó su intervención si dar detalles del mismo.
Los bancos en EE.UU. tienen sus cuentas intoxicadas con activos de mala calidad, fundamentalmente vinculados a las hipotecas "subprime", lo que les impide acudir a los mercados de crédito y, por tanto, contar con los recursos suficientes para prestar dinero a las empresas y a las familias.
Con el mercado de crédito casi paralizado, el Departamento del Tesoro ha elaborado un plan que reflotar la banca sin nacionalizarla, tal y como piden los legisladores republicanos.
El plan consiste en sacar de los balances de los bancos todos estos activos del mercado inmobiliario que no tienen liquidez, y que están intoxicando sus cuentas. La compra se hará con dinero público, pero también de los inversores privados.
De hecho, el propio secretario del Tesoro, Timothy Geithner, dijo ayer en una rueda de prensa que los inversores privados tienen que estar dispuestos a "asumir algunos riesgos" si quieren que la medida funcione.
El objetivo es lograr retirar de los balances bancarios unos 500.000 millones en activos tóxicos, aunque el programa se ampliará hasta un billón de dólares si funciona.
Para empezar, el Gobierno comprometerá en este "Programa de Inversión Publico-Privado" entre 75.000 y 100.000 millones de dólares procedentes del plan de rescate financiero que el Gobierno de George W. Bush lanzó en octubre pasado, dotado con 750.000 millones de dólares.
Curiosamente, la idea inicial del anterior plan de rescate era adquirir los activos "tóxicos", si bien el Gobierno de Bush cambio de opinión y decidió destinar la primera mitad de los fondos a entrar en el accionariado de los bancos.
No obstante, esta medida no sólo no sirvió para restaurar el flujo del crédito, sino que dio a las entidades financieras dinero fresco con el que remunerar a sus accionistas y a sus altos ejecutivos, lo que ha airado a la opinión publica y frustrado a los legisladores.
Del triunfo o fracaso del plan depende no sólo la salud del sistema financiero estadounidense, sino el futuro del propio Geithner, un joven profesional que dirigía hasta hace poco la Reserva Federal de Nueva York, y quien ya ha sufrido duras críticas por haber participado en la elaboración del plan de rescate de Bush. Varios senadores republicanos ya han pedido su dimisión.

