El 11 de octubre de 1962, el Papa Juan XXIII daba inicio al Concilio Vaticano II que revolucionó a la Iglesia Católica y la encaminó hacia el tercer milenio. Más allá de renovar las celebraciones cristianas dejando de lado el uso del latín en la misa y el respetar el idioma de cada país, el cónclave sentó las bases para un diálogo interreligioso y buscó una mayor participación de la iglesia ante los problemas sociales.
El inicio del Concilio Vaticano II, considerado como uno de los hechos más relevantes del siglo pasado, reunió en la Basílica de San Pedro, en Roma, a 2.450 sacerdotes conciliares de todos los continentes, encargados de debatir cuestiones de fe y el rol de la iglesia católica ante cambios sociales y políticos.
Medio siglo después, son muchos los que piensa, al igual que el Papa Benedicto XVI, que la riqueza de los documentos emanados entre 1962 y 1965 todavía no ha sido asimilada.
El mismo Joseph Ratzinger, que participó en el concilio, dijo ayer que los textos hay que volver a leerlos, pero liberándoles de ‘una masa de publicaciones que muchas veces en vez de permitir que se conozcan los han escondido.
Pero la celebración del concilio se vio opacada el mismo año en que comenzó, debido a que el 3 de junio de 1963 falleció de cáncer el Papa Juan XXIII que fue su propulsor y debió continuar al frente de ese encuentro religioso su sucesor, Paulo VI, que lo dio por culminado en 1965.
Nadie esperaba que Juan XXIII, que tenía 77 años cuando en 1958 fue elegido Papa y a quien muchos le consideraban de transición, convocase un evento de tal envergadura para enfrentarse a las muchas
tendencias que agitaban a la Iglesia, que vivía en una sociedad marcada por la Guerra Fría y dividida por el Telón de Acero.
Sin embargo, Angelo Roncalli, ese Papa bonachón, con aspecto de cura de pueblo, que pedía a los padres que
besaran siempre a sus hijos, sorprendió al mundo sólo tres meses más tarde de ser elegido.
Era el 25 de enero de 1959 cuando en la basílica romana de San Pablo Extramuros convocó el Vaticano II.
Lo convocó 90 años después de que se celebrase bajo el pontificado de Pío IX el Vaticano I, que tuvo que clausurarse de manera anticipada debido al clima de guerra que vivía Roma en aquellos años.
El Vaticano I proclamó la autenticidad de la doctrina católica y la infalibilidad del Papa, por lo que muchos pensaron, dada esa infalibilidad, que no había razón para un nuevo concilio.
Hoy, Benedicto XVI recordó que en anteriores concilios se trataron errores de fe, para corregirlos o condenarlos, pero que el Vaticano II lo convocó Juan XXIII sin que hubieran específicos problemas de doctrina o disciplina de clarificar. De ahí, señaló, la sorpresa que causó el anuncio.
El papa Roncalli creía que había que renovar la Iglesia, ponerla al día en su lenguaje, ritos y rezos y en sus relaciones con la sociedad y otras culturas y religiones.
Era el 11 de octubre de 1962 y duró hasta el 8 de diciembre de 1965. La apertura fue solemne, en la basílica de San Pedro.
Desde el primer momento se impusieron dos tendencias, la conservadora, liderada por obispos españoles e italianos, y la renovadora, integrada por obispos de Centroeuropa y América.
El Vaticano II emanó 16 documentos, entre ellos ‘Gaudium et Spes‘, con la que se pasaba de una Iglesia encerrada en sí misma a una que se sentía parte del mundo. Otro documento es ‘Nostra Aetate‘, con el que se retiraron las acusaciones contra los judíos, al cancelar la acusación histórica de deicidio.
El Vaticano II reformó la liturgia, cuyo cambio más visible fue el de adaptarla a las lenguas vernáculas, para que los fieles pudieran dirigirse a Dios en sus propios idiomas, y el que los sacerdotes oficiase de cara a los fieles, sin darles la espalda.
El Vaticano II dio mayor papel a los laicos, aunque todavía hoy, 50 años después, quedan por dar respuesta a asuntos como el celibato o el sacerdocio de la mujer, que parece seguirán, de momento, sin respuesta. También sigue abriendo heridas los casos de abusos que involucra a sacerdotes. )

