La entrada de EEUU en la II Guerra Mundial acabó con las aspiraciones de Washington de mantenerse aislado de los conflictos internacionales, y le llevó a iniciar una etapa de intervencionismo exterior que aún hoy perdura.
El presidente Franklin D. Roosevelt había logrado del Congreso autorización para mejorar la dotación de sus fuerzas armadas, pero aun así, apenas si estaban preparadas para defender el territorio nacional y atender a catástrofes y desastres naturales. En esa época había 174.079 soldados en 130 puestos y campamentos en EEUU, Hawai, Filipinas y la Zona del Canal de Panamá. De los 53.000 oficiales, casi la quinta parte no había recibido instrucción para el combate.
La I Guerra Mundial, que se cobró 116.000 vidas, había dejado un mal recuerdo a los estadounidenses, y con la Gran Depresión aun en fresca en su memoria, la población no quería implicarse de nuevo en un costoso conflicto.
En 1939, el índice de desempleo llegaba a casi el 18%, y casi la mitad de los 132 millones de habitantes del país era todavía población rural, según la Oficina del Censo.
De acuerdo con encuestas de Gallup, en 1937, el 66% de los estadounidenses estaba a favor de "una conferencia mundial de desarme". En 1939, asimismo, el 96% de los encuestados por Gallup se oponía a "entrar en la guerra europea".
No obstante, tras el ataque japonés sobre Pearl Harbor en 1941, todo cambió y despertó el ánimo guerrero de los estadounidenses.
En los tres años y medio siguientes, EEUU movilizó a más de 16 millones de soldados, de los cuales más de 400.000 murieron y 672.000 sufrieron heridas en batallas en todo el mundo, desde el norte de Africa a las junglas asiáticas, y desde Francia a Japón.
El envío de tantos hombres al frentes sacó a millones de mujeres de las labores domésticas y las involucró en la industria, el comercio y los servicios en proporciones hasta entonces desconocidas.
Las necesidades de la guerra forzaron, incluso, la creación de unidades de combate integradas por soldados y oficiales negros.
Apenas tres años después del fin de la guerra, el presidente Harry Truman decretó la integración racial en las fuerzas armadas, con lo que se convirtió en la primera institución nacional que tomó esa medida en EEUU.
Al término del conflicto en 1945 el desempleo en EEUU se aproximaba a 0%.
La guerra fortaleció la industria y estimuló la tecnología de EEUU, convirtió a "los americanos" en modelos de vestimenta, música y hasta en sus hábitos, como en el consumo de cigarrillos "Lucky Strike", imitados en todo el mundo.
Sin haber sufrido en su propio territorio la devastación que arrasó a Europa, Rusia, China y Japón, EEUU salió de la guerra como la principal potencia económica y militar, una posición que disputó con la Unión Soviética en una tensa relación que dividió al mundo en dos bloques antagónicos.
