Con más del 66 por ciento de los votos escrutados, el presidente de Irán, el ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, alcanzaba ayer su reelección con 66 por ciento de los votos.

En segundo lugar marcha el candidato independiente por reformista, Mir Husein Musavi, con el 31 por ciento de los votos. De confirmarse estas cifras, Ahmadineyad habrá logrado una aplastante victoria que evitaría una segunda vuelta, que se pone en práctica cuando ningún candidato supera el 50 por ciento de los votos.

Nada más cerrarse la urnas Musaví se proclamó vencedor con el 65 por ciento de los votos, y según sus informaciones se habrían cometido decenas de irregularidades.

"La actitud de este gobierno fue muy mala, porque no supo aceptar el comportamiento de la gente que quería un cambio. Estoy seguro de que la persona que finalmente ganó estas elecciones fui yo. Lo hice con gran diferencia de votos sobre el segundo candidato", afirmó.

El ex primer ministro Musaví también denunció que numerosos votantes no pudieron ejercer su derecho a voto porque los colegios cerraron demasiado pronto.

Esas denuncias contrastaban con el ambiente que se vivió durante la jornada electoral en las calles, con una masiva afluencia de votantes partidarios de Musaví en Teherán y en las grandes ciudades. Ante la gran cantidad de interesados en votar, hubo que retrasar por cuatro horas el cierre de algunos colegios electorales.

Según las primeras apreciaciones del Ministerio de Interior, el índice de participación había superado el 75 por ciento del electorado, cifra récord en Irán.

De confirmarse estos datos sobre la participación, se acercarían al récord del 80 por ciento, cuando el reformista Mohammad Khatami logró una victoria abrumadora en 1997.

Desde primera hora de la mañana, familias enteras se acercaron a los más de 49.000 colegios electorales repartidos por toda el país en una jornada de reivindicación y fiesta únicamente ensombrecida por algunos actos vandálicos.

La campaña reflejó las divisiones profundas sobre el futuro de Irán después de los cuatro años en el poder de Ahmadinejad. Sus adversarios criticaron su retórica violenta durante la crisis nuclear y contra Israel, que contribuyó a aislar el país.

Ahmadinejad retomó la bandera de la justicia social y de la defensa de los más pobres, que ya había usado en 2005, pero también endureció su discurso con ataques personales contra Musavi, acusándolo de ser apoyado por los "aprovechadores" del régimen.

Musavi, por su lado, que regresó con fuerza a la política iraní tras 20 años de ausencia, denunció las "mentiras" del presidente sobre su balance económico y su política populista.

En Washington, el presidente estadounidense, Barack Obama, que desea iniciar un diálogo más firme pero directo con Teherán, estimó que un "cambio es posible" en Irán, sea quien sea el vencedor de los comicios.

No obstante, analistas no creen que el resultado de la votación cambie la política nuclear tras las elecciones, ya que la política exterior y los asuntos estratégicos del país son competencia de los clérigos que gobiernan Irán, en última instancia del líder supremo, el ayatollah Ali Jamenei.

Pero un mandatario menos radical y confrontativo que Ahmadinejad podría impulsar una distensión en las relaciones con Estados Unidos y Occidente que eventualmente permita avances en las negociaciones por el programa nuclear, según analistas.