Al menos 60 personas murieron ayer y unas 160 resultaron heridas en un atentado con camión-bomba cerca de una mezquita chií en un área próxima a Kirkuk, en el norte de Irak, informó una fuente del Ministerio de Interior.

El ataque ocurrió en un mercado popular cercano a la "huseiniya" (mezquita chií) de Al Rasul, en la zona de Tazet, de mayoría turcomano chií, a unos 30 kilómetros al sur de Kirkuk.

Además, unas 45 viviendas de adobe fueron destruidas por el estallido y varios equipos de salvamento aún buscan víctimas bajo los escombros.

Según la agencia de noticias Baraza, cercana a la alianza chií parlamentaria, el número de víctimas mortales asciende a 65 y el de heridos a 175.

Por su parte, fuentes policiales, citadas en la página "web" del Gobierno de la Región Autónoma del Kurdistán iraquí, indicaron que a bordo del camión viajaba un terrorista suicida que detonó los explosivos cerca de la "huseiniya".

El presidente del país, Yalal Talabani, ha condenado en un comunicado el atentado y ha prometido indemnizar con 1.000 dólares (717 euros) a las familias de las víctimas y con 300 dólares (215 euros) a cada una.

Kirkuk, capital de la provincia del mismo nombre y situada a unos 250 kilómetros al norte de Bagdad, es una zona rica en petróleo que se disputan árabes, kurdos y turcomanos.

El atentado de ayer es el más mortífero en Irak desde el perpetrado el pasado 20 de mayo en la capital, en el que fallecieron cuarenta personas y 85 resultaron heridas.

El ataque ocurre semanas antes de que las tropas de EEUU presentes en Irak inicien su retirada de los centros urbanos el próximo día 30, de acuerdo con el pacto de seguridad firmado por Bagdad y Washington en diciembre pasado, que estipula un repliegue total estadounidense del país árabe antes del 2012.

"No se desalienten si se produce una brecha de seguridad aquí o allá", había dicho ayer el primer ministro, Nuri al -Maliki horas antes del atentado que dejó un baño de sangre. Maliki había hecho un llamado a sus compatriotas a "no perder la fe".

La ola de ataques, entre ellos una serie de devastadores asaltos con bomba ocurridos en abril, sembraron dudas respecto a la capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes para asumir de manos de las tropas estadounidenses la protección de la población ante los insurgentes islámicos.

Analistas afirman que también podría producirse un aumento en la violencia, principalmente de insurgentes sunitas, incluyendo a Al Qaeda y otros grupos violentos, a las puertas de las elecciones parlamentarias que se celebrarán en enero próximo.

"Estaba sentado en mi casa cuando súbitamente una poderosa explosión sacudió la tierra debajo de mí", dijo Hussain Nashaat, de 35 años, con su cabeza envuelta en vendas blancas. "Me encontraba cubierto de sangre y corrí afuera rápidamente. Mi amado vecindario estaba bajo escombros", afirmó.

En el principal hospital de Kirkuk, Azadi, reinaba el caos entre los gritos y los ruidos de sirenas de ambulancias, mientras los empleados llevaban civiles heridos al interior del centro de salud, incluyendo a varios niños.