Grecia vivió ayer una nueva jornada de protestas marcada por la huelga, el aumento del déficit, los elevados costes de la deuda y la desconfianza internacional. Entre la presión de los mercados y la oposición de los sindicatos a los planes de ahorro, se vivió otro día de incertidumbre sobre el rescate crediticio diseñado por los países de la eurozona.