Otras cuatro semanas de campaña probablemente pesen sobre las cuentas fiscales de Brasil, las cuales ya están deficitarias puesto que el Gobierno de Lula pasó la mayor parte de este año tratando de impulsar la candidatura de Rousseff usando fondos en programas públicos.
El gasto ha superado la recaudación de impuestos, pese a la floreciente economía de Brasil. El superávit presupuestario primario, medida del gasto que excluye los pagos de deuda, fue de sólo un 2,01 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en los 12 meses hasta agosto, lo que implica que el Gobierno probablemente no cumpla su meta del 3,3% del PIB para el 2010 sin métodos contables creativos.
Pese a que es improbable una crisis fiscal importante debido a la relativamente baja deuda de Brasil y al fuerte flujo de inversión, un informe reciente de Raymond James puso de relieve varios riesgos: las tasas de interés, que están entre las más altas del mundo, podrían seguir en ese nivel mientras el despilfarro del gasto público absorbe el crédito que pudiera haber estado destinado al crédito privado. El banco también advirtió que el estímulo fiscal podría representar una presión alcista sobre la moneda brasileña, el real, que ya es visto como sobrevaluado.

