Mientras sigue moviéndose la tierra, Italia llevó a cabo un funeral estatal para las víctimas del peor terremoto que ha afectado al país en tres décadas, mientras el total de muertos por el sismo del lunes ya se acerca a 300.
Miles de deudos rezaron el viernes ante 205 ataúdes de madera, muchos de ellos cubiertos con flores y fotos de los fallecidos, dispuestos en cuatro filas en la plaza de armas de una academia de policía en la montañosa ciudad de L’Aquila, la más afectada por el sismo.
Varios pequeños ataúdes blancos, que contenían cuerpos de niños, fueron ubicados sobre los féretros de sus madres, algunos con sus juguetes favoritos encima.
Personas con muletas, e incluso tullidas a causa del terremoto se mezclaban con familiares de víctimas, amigos y voluntarios de todos los rincones de Italia.
"Estoy llena de dolor pero debemos seguir teniendo esperanza. Aquí somos gente fuerte", dijo Daniela, de 59 años.
Piero Faro, que daba el pésame a la familia de una amiga que murió junto a su hijo, aseguró que la tristeza se mezclaba con "mucha rabia. Su edificio simplemente se desintegró. Esto no debería haber ocurrido".
Algunos dolientes besaron los ataúdes en la misa católica oficiada por el segundo sacerdote de más alto rango del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.
La ceremonia comenzó con un mensaje del papa Benedicto XVI. "En estas horas dramáticas, me siento espiritualmente presente entre ustedes y comparto su angustia", dijo el mensaje del Papa.
El Gobierno declaró un día de duelo nacional. Las banderas ondeaban a media asta, las tiendas bajaron sus cortinas, en los aeropuertos se suspendieron los despegues para realizar un minuto de silencio y los policías de tráfico se quitaron sus chalecos de colores brillantes.
"Más allá de los escombros puede sentirse el deseo de volver a empezar, de la reconstrucción y de soñar una vez más", dijo el cardenal Bertone.
Pero algunos sobrevivientes no encontraron mucho consuelo en la religión.
"Ahora todos los profesionales de la religión están rezando, realizando misas. Todos rezan: papas, arzobispos, obispos, excelencias, eminencias, San Pedro y San Pablo, y aún así Jesús nos envía un terremoto", dijo Francesco Pagani, un anciano sobreviviente sentado en uno de las tiendas de emergencia.
Un grupo de jóvenes monjas argentinas y brasileñas de la Orden del Verbo Encarnado, con vistosas tocas azules, llamaba la atención entre la numerosa representación de religiosos presentes en las exequias.
Una de ellas resumía la situación con una frase: "Ojalá esto nos ayude a darnos cuenta de que no tenemos nada".

