El ex presidente egipcio Hosni Mubarak entró ayer en una camilla a la jaula del Tribunal en El Cairo (capital egipcia) para enfrentar un juicio por el asesinato de manifestantes, en una imagen que emocionó a quienes lo derrocaron, aunque no faltaron manifestaciones de bronca de los defensores del derrocado mandatario.

Pálido pero mucho menos inerte, el “rais” (jefe) movió inquieto sus brazos y en ocasiones dio síntomas de cansancio, lo que no le impidió declararse inocente de todos los cargos con la misma voz vigorosa con que dio sus últimos discursos. El ex mandatario de 83 años, enfrentó el primer día de un juicio sin precedentes en el mundo, ya que Mubarak es el primer líder árabe en ser juzgado en persona desde que una serie de revueltas populares se propagaron por Oriente Medio.

El juicio se lleva a cabo en la Academia de Policía de El Cairo, una ciudadela de dimensiones mastodónticas que fue el escenario del momento más esperado de la historia egipcia. La Academia, se convirtió así, en un fortín, donde la custodia se encargó de controlar, no menos de seis veces, a todos los autorizados a entrar en el Tribunal.

La televisión egipcia transmitió todo el proceso, tal es así que las omnipresentes cámaras, le jugaron una mala pasada al “rais”, quien en un momento se hurgó con un dedo en la nariz en un gesto poco decoroso.

Mubarak, que gobernó Egipto durante 30 años, está acusado de haber ordenado unas 850 muertes durante las manifestaciones que desembocaron en su caída, el 11 de febrero, y enriquecimiento ilícito. La represión y los fallecimientos se produjeron mientras la gente pedía reformas políticas y económicas.

Quienes también negaron todas las acusaciones, fueron los hijos de Mubarak, Alaa y Gamal, que enfrentan cargos de corrupción y abuso de poder. Al igual que el ex ministro del Interior egipcio Habib al Adli y 6 de sus asesores. En el caso de ser declarado culpable, Mubarak podría ser condenado a pena de muerte.
En una mezcla de pasiones, manifestantes a favor y en contra del líder convirtieron una explanada junto a la Academia, en un campo de batalla cuando comenzaron arrojarse piedras, y ante la pasividad de la Policía, comenzaron a pelear cuerpo a cuerpo, con el resultado de unos 61 heridos. El caos se adueñó así de los alrededores de la zona del juicio, mientras que en el interior prevalecía la calma.

Después de más de 4 horas de lectura de cargos de acusación, Mubarak fue trasladado a un centro médico en la carretera que une El Cairo con la ciudad de Ismailia, en vez de regresar al hospital de Sharm el Sheij, donde fue ingresado el 12 de abril, por un cáncer de estómago, y por problemas en su corazón. En ese lugar esperará la próxima sesión del proceso, que fue fijada para el 15 de agosto.