La caída del que unos denominaron ‘muro de la vergüenza‘ abrió el camino hace 25 años a la reunificación de Alemania y simbolizó para la posteridad el fin de la Guerra Fría. Era un muro que dividía a comunistas (al este de la pared) de capitalistas (al oeste). Pero todo dio un giro a principios de noviembre de 1989, cuando se empezaron a sentir con más fuerza los reclamos de los habitantes del oeste que exigían pacíficamente libertad de opinión.

Hasta que el 9 de noviembre de 1989, Gunter Schabowski, portavoz del gobierno de la República Democrática Alemana (RDA) -ubicada al este y considerada territorio comunista- anunciaba que se concederían visados automáticos de salida a todos los ciudadanos que lo solicitaran.

A las 22.00 horas se abría el primer paso fronterizo en la Bornholmer Strasse y esa misma noche miles de ciudadanos cruzaron el Muro de Berlín hacia el ansiado oeste sin visados ni pasaportes, ante una policía desbordada por la situación. Después de 28 años, la frontera de hormigón armado desaparecía y comenzaba el proceso de reunificación de Alemania, que culminó el 3 de octubre de 1990 con el Tratado de Unidad, la disolución de la RDA y la incorporación de su territorio al de la República Federal de Alemania (RFA).

Tras la división del territorio de Alemania con la derrota del nazismo y el triunfo de EEUU, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial (1945), la pugna entre los ámbitos de los gobiernos capitalista y comunista instalados en el suelo alemán dividido se hizo más tenso, sobre todo desde 1949, cuando el sector del este (soviético comunista) se autoproclamó independiente como RDA y los tres sectores del oeste (estadounidense, francés y británico) se unificaron como RFA.

La confrontación se incrementó en los años siguientes, aún más con la migración de personas desde el este hacia el oeste de Berlín, ciudad ya dividida entre Berlín Oeste como enclave rodeado del territorio de la RDA y Berlín Oriental comunista.

Para frenar la huida hacia el oeste, la RDA levantó un muro que dividió a Berlín en dos. Los trabajos se realizaron entre el 12 y 13 de agosto de 1961, cuando se cerraron los puestos de control y se tendió un alambrado de púas vigilado por soldados alemanes y soviéticos con orden de disparar a matar a quien pretenda cruzar.

En la práctica, el muro dividió a Alemania en dos partes, obligando a los alemanes que quedaron en la Alemania del Este a vivir bajo un férreo y opresor sistema socialista, impidiéndoles de paso que pudieran transitar libremente hacia Occidente.

Por supuesto, muchos alemanes que querían buscar la libertad en el “otro lado” intentaron sortear el muro y cruzar a la Alemania Occidental, eludiendo la dura vigilancia de los guardias fronterizos de la RDA. Y no fueron pocos los que murieron en el intento. No menos de 190 fallecieron, aunque la cifra exacta nunca pudo ser determinada.

El Muro fue una construcción de cemento e hierro de cinco metros de altura, coronado con alambre de púas y torretas de vigilancia, nidos de ametralladoras y campos minados. Llegó a ser un complejo sistema de vigilancia que incluyó vallas electrificadas y que se extendió a lo largo de 155 kilómetros. Paralelo al Muro estaba la ‘franja de la muerte‘, llamada así porque estaba integrada por un foso, una alambrada, una carretera por la que patrullaban permanentemente vehículos militares de vigilancia, sistemas de alarma y patrullas con perros. Todo funcionando las 24 horas del día.

Después de tantos años de angustia, las políticas reformistas impulsadas desde mediados de la década de 1980 en la Unión Soviética por el líder soviético Mijail Gorbachov se tradujeron en la decisión de abrir poco a poco las fronteras de la RDA.

Años después, el 9 de noviembre de 1989 a las 20 toda Alemania estaba clavada frente a los televisores o escuchando la radio. El punto de quiebre fue el título del noticiero Tagesschau: ‘La RDA abre la frontera‘. Esa noche, todo fue una explosión de júbilo. Miles de berlineses de Este se presentaron en los puestos de control para exigir pasar ‘al otro lado‘. El punto de control de Bornholmerstrase fue el primero en abrirse a las 22. En muchos casos los ciudadanos de la RDA, verdaderas muchedumbres con picos y martillos emprendieron la destrucción del Muro para pasar al Oeste sin esperar que los policías levantaran las vallas. La historia registró que el fotógrafo Aram Radomski y el defensor de los derechos humanos Siegbert Schefke fueron los primeros berlineses del Este en cruzar hacia el ansiado Oeste. Como el resto de sus con ciudadanos contribuyeron a poner punto final sin un solo disparo a la llamada Guerra Fría, el enfrentamiento ideológico entre EEUU y la URSS posterior a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, aún queda el desafío de vencer las desigualdades económicas.