Grecia se encamina a celebrar hoy un referendo que podría decidir su futuro en la zona euro, después de que las filas frente a los cajeros automáticos se convirtieran en el símbolo más potente del enfrentamiento entre el Gobierno de izquierda y sus acreedores internacionales.

El rechazo del primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, a los términos del ‘chantaje‘ de sus acreedores del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE), que exigen recortes de gastos y alzas de impuestos, indignó tanto a los socios del país que no hay esperanza de un acercamiento antes de la consulta del domingo.

Mientras los bancos de Grecia se mantienen cerrados por sexto día y el país aplica controles de capitales, el ministro de Finanzas Yanis Varoufakis vinculó su futuro al resultado de la votación, y dijo que renunciaría si el llamado del Gobierno a votar por el ‘no‘ a los términos del rescate es ignorado.

El futuro de Tsipras también estaría en duda. ‘Si el resultado es positivo, entonces está naturalmente en el bando europeo la disposición de ayudar a Grecia para salir de la crisis‘, dijo Jeroen Dijsselbloem, presidente del grupo de ministros de Finanzas de la zona euro. Tsipras tiene mucho en juego. Lo más probable es que su Gobierno caiga si los votantes respaldan el plan de rescate.

10.837.118 de griegos están llamados a votar sobre la aceptación o el rechazo a las medidas propuestas por los acreedores. La pregunta es: ‘¿Tenemos que aceptar el proyecto de acuerdo que fue presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI en el Eurogrupo, que se compone de dos partes y que constituyen su única propuesta?‘. La base de la crisis griega es una deuda que el país no está en condiciones de pagar. Durante años el país estuvo gastando más dinero del que producía y financiando ese gasto a través de préstamos.