La última fase de desalojo de los 33 mineros atrapados bajo tierra en Chile fue diseñado por equipos de rescate e incluye el ingenio criollo, equipos con tecnología de última generación y una estricta puesta a punto:
Los rescatistas: Del equipo de rescate de 16 miembros, bajarán dos socorristas, un minero y un paramédico, que asistirán a los operarios en su ingreso a las cápsulas por las cuales ascenderán a la superficie. Dos rescatistas y dos marinos estarán trabajando en la superficie.
Las cápsulas: Tienen dos partes: una fue pintada de blanco (superior) y la otra de azul y rojo (inferior), como son los colores de la bandera de Chile. En ella se colocarán cada uno de los mineros, entre ellos un boliviano, para ser izados por un sistema de grúas y poleas. Las partes azul y rojo conforman el "módulo vital" o principal que puede desprenderse de la parte superior si es que se presentará algún problema en el momento del ascenso.
La parte superior blanca es enteramente desprendible, a través de tres palancas que el minero puede operar desde dentro del módulo vital. Si ocurre un percance, el módulo desciende con el minero hasta la mina, donde se solucionará el eventual desperfecto y se reanudará la salida. También habrá una segunda vía de escape que es la apertura de la base del módulo. Las cápsulas miden 3,95 metros de alto y pesan unos 460 kilos.
Los mineros: Se someterán a un ayuno de al menos ocho horas, similar al que se realiza antes de una cirugía, debido al estrés emocional y físico que implicará el rescate. Han realizado ejercicios de preparación para el ascenso.
Primero subirán los hábiles ante la posibilidad de que la cápsula que los transportará se quede atrapada en algún trayecto del ducto. En una segunda etapa, subirían los que estén más debilitados y por último, quienes estén más fuertes en términos psicológicos. Los trabajadores ingresarán a las cápsulas de rescate con vestimenta especial, guantes y lentes de última generación que los protegerán de la luz. El ascenso tomará entre 30 y 45 minutos según las últimas estimaciones. Los mineros subirán con una máscara con oxígeno y un sistema de monitoreo permanente, que ya les bajaron, para que aprendan a usar. Este emitirá una señal que llegará por el sistema Bluetooth al hospital de campaña, que está armado casi sobre el borde de las sondas.
Estabilización: Una vez que lleguen a la superficie, se hará una primera evaluación médica: se les tomará la presión, se les aplicará suero y vitaminas, se les pondrá antiparras para protección a los ojos. Luego serán trasladados a una zona de cuidados críticos intensivos y a una segunda área de estabilización.
El reencuentro: Después de la primera evaluación médica, los mineros que estén en buena condición física, pasará a unos módulos especiales aislados, a pocos metros de la carpa médica, donde podrá reunirse con dos o tres familiares. Será este el único momento en los que estarán a solas sin público ni prensa.
Viaje al hospital: Luego serán trasladados en ambulancia hasta un helipuerto en la misma mina, construido para la ocasión, y desde ahí serán llevados en helicóptero hasta un hospital de Copiapó donde permanecerán al menos 48 horas para descartar lesiones oculares, se les tomen radiografías de tórax, se les hagan evaluaciones dentales y de posibles afecciones de la piel. El viaje durará 12 minutos. A cada minero se le ha prometido, como mínimo, seis meses de apoyo psicológico ya que todos empezarán a vivir experiencias muy fuertes: tendrán que enfrentar a la prensa y la fama; se encontrarán con que sus familias no son las mismas que cuando quedaron atrapados.
