Rafael Correa, que se destaca tanto por su popularidad como por ser implacable con sus adversarios tiene la llave para apuntalar su "revolución ciudadana".
Correa, a quien sus opositores tildan de "necio", "arrogante" y hasta "totalitario", y sus seguidores de "tenaz" y "fiel a sus principios", es el mandatario más popular que ha tenido Ecuador en treinta años.
Para muchos ecuatorianos, Correa, que nació en Guayaquil el 6 de abril de 1963 y, según él mismo ha dicho, tuvo una infancia dura, encarna el cambio que, a su juicio, requiere el país para dejar atrás una desigual distribución de la riqueza.
La inversión social, una política económica nacionalista, una posición antiimperialista, un marcado enfrentamiento al neoliberalismo y un fervor por la integración latinoamericana han marcado el quehacer de Correa en el Gobierno.
Correa fue un personaje activo en el denominado "movimiento forajido", como se denominó a los quiteños que participaron en las protestas contra el Gobierno de Lucio Gutiérrez, que fue finalmente destituido por el Congreso en 2005, y antes de ser candidato a presidente fue ministro de Economía por poco más de cien días en el Gobierno de Alfredo Palacios.
Grupos indígenas y ecologistas que le ayudaron hasta ahora en la consecución de sus metas le han retirado su apoyo en estas elecciones por considerar que su política en materia minera y petrolera no respeta el medio ambiente ni a la poblaciones originarias.
La Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador incluso pidió al último Foro Social Mundial (FSM) que declarase "persona non grata" a Correa, al que acusa de "racismo", "machismo" y "paternalismo".
Correa, que asumió en enero de 2007 con una camisa bordada con motivos indígenas, que se ha convertido en un distintivo, y al que incluso un grupo de chamanes "limpió" de malas energías ese día, dice ahora que quienes hacen esas acusaciones defienden un "ecologismo y un izquierdismo infantil".
De verbo fácil y con tendencia a responder airado a quienes le critican, Correa no dudó en llamar "canalla" a un diputado que aireó que su padre estuvo en la cárcel por traficar drogas a EE.UU. ni en pelear con el presidente colombiano, Alvaro Uribe, en una cumbre del Grupo de Río frente a las cámaras de televisión.
Economista de profesión, con títulos de universidades de Ecuador, Bélgica y EE.UU, Correa se define como un "cristiano de izquierda" y de joven fue voluntario de una misión de padres salesianos en la localidad de Zumbahua, una de las zonas más pobres del país.
Su proyecto de "revolución ciudadana", una propuesta que, según sus detractores, se alinea con el socialismo de su amigo el presidente venezolano, Hugo Chávez, defiende "la supremacía del trabajo humano sobre el capital" y está dotada de un "profundo sentido de la ética", según ha dicho en numerosas ocasiones.

