El primero de los crímenes atribuidos a Jack el Destripador, el asesinato de Mary Ann Nichols, cumple hoy 125 años, en los que la leyenda del anónimo criminal ha despertado miles de preguntas que han sido escasamente respondidas.

Nichols, de 43 años, era una de las cientos de prostitutas que recorrían el londinense barrio de Whitechapel la madrugada del 31 de agosto de 1888. Pero la suerte quiso que su nombre pasara a la historia del crimen.

La zona por la que caminaba buscando clientes estaba en alerta desde unos meses antes, en marzo, cuando una serie de ataques fatales a mujeres, conocidos como los ‘crímenes de Whitechapel‘, dispararon las alarmas entre sus oscuros callejones.

Ignorando las advertencias de su amiga, Nichols insistió en recorrer sola la principal avenida de Whitechapel a las 2.30 de la madrugada en busca de algún servicio con el que poder pagarse el alojamiento de esa noche. Una hora más tarde fue encontrado su cadáver.

Pese a que no eran inusuales los asesinatos en ese barrio, en aquella época hervidero de delincuentes e inmigración descontrolada, la violencia desplegada con Nichols dejó claro que no era un suceso como los demás, lo que lo convirtió en prueba de que es la primera víctima de Jack el Destripador.

Nichols fue encontrada muerta en un muelle del puerto inglés de Essex el viernes 31 de agosto de 1888. Se supone que entre setiembre y noviembre de ese año Jack mató a otras cuatro prostitutas sin violarlas, pero dejando huellas macabras en sus cadáveres: todas fueron degolladas, todas sufrieron la mutilación de sus órganos.

Scotland Yard, la mejor policía del mundo, nunca pudo encontrar la menor pista en Gran Bretaña, a pesar de que el asesino enviaba cartas a los investigadores desafiándolos. Con el tiempo, muchos se interesaron por develar el misterio del renombrado asesino. Algunas conclusiones coincidían en la teoría de que el homicida era un cirujano.

Se han llegado a apuntar hasta 175 posibles sospechosos, una larga lista que va desde médicos y anatomistas hábiles en el uso del estilete a la hora de diseccionar cuerpos humanos, hasta un miembro de la familia real, el príncipe Alberto Víctor, nieto de la reina Victoria.

Trevor Marriott, un ex detective inglés, llegó a afirmar que halló pruebas para sospechar que el asesino no era un cirujano sino un marino mercante, que también dejó su marca sangrienta en Managua (Nicaragua) y en Hamburgo (Alemania), donde se registraron casos idénticos.

Marriott pasó dos años investigando los crímenes de Jack, cuya serie criminal se presume que terminó el 9 de noviembre de 1888. Tras analizar la evidencia ofrecida por los médicos y patólogos en su momento, Marriott dijo que la ubicación y la frecuencia de los homicidios (no lejos del puerto de Londres, con lapsos de varias semanas entre uno y otro) sugieren que el asesino puede haber sido un marino mercante.

Las preguntas que hoy continúan obsesionando a expertos se resumen en dos cuestiones: ¿Quién? y ¿por qué? ‘La gente está interesada en misterios no resueltos. Es un instinto muy humano satisfacer la curiosidad y conocer detalles de eventos dramáticos‘, resume a la agencia de noticias Efe Robin Odell, escritor e investigador experto en el Destripador.

‘Los sucesos ocurridos en la zona hace 125 años anunciaron la llegada del asesino en serie de la era moderna. Un individuo que seleccionó víctimas para satisfacer sus deseos psicópatas manteniéndose esquivo y sin identificar‘, expone Odell, quien se niega a sumergirse en la jubilación y continúa dedicado al estudio de crímenes famosos. Aunque ninguno le ha ocupado tanto tiempo como el que comenzó a investigar en 1965 con el libro ‘Jack the Ripper in Fact and Fiction‘, considerado una de las mejores recopilaciones de datos sobre estos crímenes.

Fuente: Efe y archivo de Diario de Cuyo