El Atlantis volvió ayer a la Tierra, con sus cuatro tripulantes a bordo, tras una exitosa misión de 13 días, la STS-135, con la que la NASA da por concluido el programa de los transbordadores espaciales tras treinta años de servicio.
El Atlantis emergió del crepúsculo y aterrizó en la pista del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida/EEUU), a las 5.58 de la mañana (6.58 en Argentina).

El estruendo rompió el silencio previo al amanecer en el centro espacial, y fue la última vez que sus residentes escucharán el sonido de un transbordador regresando a casa.

Los empleados de la NASA y el mundo entero asistieron a uno de esos momentos que pueden calificarse de “históricos”. Con mucha expectativa y emoción, el comandante Chris Ferguson, el piloto Dough Hurley y los especialistas de misión Sandra Magnus y Rex Walheim tocaban tierra en el último viaje de un transbordador.

Mientras que a pie de pista los esperaban compañeros y altos cargos de la NASA, incluido el director de la agencia espacial, Charles Bolden, que agradeció su “increíble” trabajo.
“Han vuelto los que serán conocidos como los ’cuatro últimos’. Estamos orgullosos”, dijo Bolden, quien además aseguró que “este vuelo del transbordador marca el final de una era, pero ahora renovamos nuestro compromiso de continuar los vuelos tripulados y tomar las medidas necesarias y difíciles para asegurar el liderazgo de EEUU en los vuelos espaciales tripulados en los años venideros”. Entre esos objetivos de la NASA están: Alcanzar un asteroide y llegar a Marte en 2030.

En el momento en que el Atlantis tocó tierra, en el Centro Espacial Johnson en Houston, desde donde se dirige el control de operaciones, la emoción estaba a flor de piel, pero nadie lloró pues la orden era no derramar ni una lagrima.

Una hora después del aterrizaje, lo inevitable ya no podía ser evadido. Había llegado el momento de decir adiós. “Con suerte, podré superar esto”, dijo Tony Ceccacci, director de vuelos, antes de comenzar un discurso a sus colegas a través de las ondas radiales de la NASA.

Con un nudo en la garganta, pero sin llorar, Ceccacci dijo que “el trabajo realizado en esta sala, en este edificio, no va a ser duplicado jamás. Disfruten el momento. Sumérjanse en él. Y sepan que ustedes son los mejores. Ha sido un viaje increíble y asombroso”. Fue entonces cuando llegaron los aplausos, los abrazos y los apretones de mano. La gente tomó fotos, rió y algunos mostraban nostalgia en el rostro. Pero los pañuelos, para secar las lágrimas, permanecieron en los bolsillos.

Por su parte, el comandante Ferguson aseguró que “volar al espacio fue un sueño que se convirtió en realidad” y en nombre de la tripulación agradeció “el trabajo en equipo de todos los que lo hicieron posible”.

El Atlantis regresó tras completar 200 órbitas a la Tierra y haber recorrido 8.5 millones de kilómetros. Y tras la vuelta, se informó que el próximo destino del transbordador será el museo del Centro Espacial Kennedy para “admiración” de las generaciones futuras.