José Mujica, el nuevo presidente de Uruguay, fue ayer más "Pepe" que nunca y convirtió su investidura en una auténtica fiesta popular, sin precedentes en el país, en la que habló de los retos del futuro sin olvidar su pasado guerrillero y sus viejos sueños de libertad e integración regional.
Pocas veces se ha visto en Sudamérica un acto oficial cargado de tanto simbolismo: un ex guerrillero de 74 años, con más de 13 años de cárcel a sus espaldas, convertido en el segundo presidente de izquierda de la historia de su país.
Un ex integrante del movimiento tupamaro que comenzó la jornada dialogando con EEUU, para luego pasar revista a las Fuerzas Armadas y llamar a los empresarios a jugársela en Uruguay para impulsar el crecimiento y combatir la pobreza.
Prácticamente ninguna de las imágenes del día tiene desperdicio: desde la promesa de fidelidad a la Constitución, que Lucía Topolansky, su esposa, tomó a Mujica en el Parlamento, hasta el insólito recorrido del "Pepemóvil" por las principales avenidas de la ciudad y la fiesta multitudinaria en que se convirtió el acto de entrega de la banda presidencial.
Ante la dificultad y la lentitud con la que avanzaba entre la multitud la furgoneta descubierta que abordó en el Parlamento, "Pepe" se bajó del vehículo antes de llegar a la Plaza Independencia y, casi confundido entre la gente, trato de avanzar hacia la tribuna.
Allí le esperaba su antecesor, Tabaré Vázquez, que, visiblemente emocionado, entregó la banda a su compañero de partido y se fundió en un abrazo con Mujica, quien enseguida se dio la vuelta para buscar a su esposa, compañera de vida, lucha y de experiencias en prisión, y estrecharla en sus brazos.
Después, el nuevo presidente pasó revista a las tropas, en una breve ceremonia que sorprendió a propios y extraños, y regaló otra imagen para el recuerdo: los jefes del Ejército y de la policía, cuadrados frente al viejo ex guerrillero, ante miles de personas que abarrotaban la Plaza de la Independencia y sembraron las calles de banderas uruguayas, del Frente Amplio y estampas de Ernesto Che Guevara.
Después, subido en el estrado y arropado por su esposa, el nuevo Gabinete, y un viejo amigo militante tupamaro, un "peludo", como lo definió Mujica, lanzó un mensaje claro y sincero para sus seguidores.
"¿Sabés una cosa pueblo? Cuando uno tiene 74 años, vos no tenés la caja de repuestos aceitada y pronta. Por esa razón, este es un gobierno de equipo, que no delega responsabilidad, pero que sabe que tiene que desconfiar de la biología, aparte de desconfiar de las limitaciones que puede tener la soledad de nuestra cabeza", comenzó.
A partir de ahí, retomó el mensaje que ya había adelantado, sobre los objetivos de su gobierno: "barrer" la indigencia, reducir la pobreza a la mitad, impulsar el crecimiento, multiplicar la riqueza y masificar la educación y la cultura.
"Sabemos que hoy casi tocamos el cielo con la mano y mañana empezarán los días cansinos del trabajo, inevitablemente, camino del purgatorio", dijo.
"Hay que ensayar todos los caminos y fórmulas posibles que sirvan para enriquecer la sociedad y para enriquecernos nosotros mismos como seres humanos", acotó.
