Cuanto más se recuerda la llamada “Crisis de los misiles” en Cuba, ocurrida hace medio siglo entre EEUU y la ex Unión Soviética (URSS), más se tiene la certeza de que el mundo estuvo a un paso de un holocausto nuclear.

La crisis, que mantuvo en vilo al planeta durante 13 días, se inició luego de que aviones espías estadounidenses U-2 detectaran rampas de lanzamiento de misiles soviéticos en Cuba, el 15 de octubre de 1962, casi cuatro años después del triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro.

Para no responder a las críticas de los republicanos, que se preparaban para las elecciones legislativas de ese año, en noviembre, el presidente John F. Kennedy advirtió que si la ex URSS introducía armas ofensivas en Cuba “surgirían graves problemas”.

Anteriormente, el presidente estadounidense había aprobado un plan de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para entrenar a un grupo de exiliados cubanos que en abril de 1961 invadieron Bahía de los Cochinos -o Playa Girón-, con el fin de establecer una cabecera de playa. Pero la operación fue aplastada por las fuerzas de Castro.

El 22 de octubre de 1962, con el apoyo de sus aliados occidentales, Kennedy estableció una ‘cuarentena defensiva‘ sobre Cuba, desplegando unidades navales y aviones de combate en el mar Caribe.

Si los buques soviéticos intentaban romper el bloqueo, el conflicto armado entre las dos superpotencias se iniciaría de inmediato.

EEUU decía que estaba en condiciones de probar que Cuba tenía armas ofensivas como cohetes de alcance medio y, en consecuencia, difundió una serie de fotografías tomadas sobre la isla en las que se detectaban las rampas lanzacohetes.

En tanto, la ex URSS advirtió que no acataría que sus barcos rumbo a Cuba sean interceptados por ningún buque estadounidense, por lo que el secretario general de la ONU, el birmano Maha Thray Situ U Thant, propuso que 45 estados no alineados se interpusieran entre las fuerzas soviéticas y norteamericanas. En medio de las negociaciones, el papa Juan XXIII pidió al premier ruso, Nikita Kruschev, y al presidente Kennedy que tomaran medidas para salvaguardar la paz.

Pero finalmente, tras una serie de negociaciones secretas, Kruschev lanzó una propuesta que fue aceptada por Kennedy: la URSS retiraría sus misiles de Cuba a cambio del compromiso norteamericano de no invadir La Habana.

También se acordó que Washington retirara los misiles Júpiter que tenía desplegados en Turquía y en Italia.
El 25 de octubre de 1962, décimo día de la crisis, a reacción inicial de ambos había sido belicosa. Kennedy estaba a favor de un ataque aéreo. Kruschev, por su parte, pensó seriamente en otorgar a sus comandantes en Cuba la autoridad para el uso de las armas nucleares.

El 27 de octubre fue un sábado negro, el día más oscuro de la Guerra Fría, un día en el que los misiles soviéticos derribaron un avión espía U-2, matando a su piloto.
Castro envió una carta a Kruschev diciéndole que estaba enfrentando una inminente invasión, mientras que el premier ruso mandó una segunda carta al mandatario norteamericano, mucho más dura que otra anterior.

La crisis finalizó el 28 de octubre de 1962, cuando Kruschev y Kennedy llegaron a un principio de acuerdo para desmontar las bases militares instaladas por la ex URSS en la isla caribeña, a cambio de que Washington no vuelva a intentar invadir Cuba.
Finalmente, Rusia removió sus 42 misiles con ojivas nucleares, bajo el control de representantes de las Naciones Unidas, y Cuba entregó a EEUU más de 1.000 prisioneros capturados durante el desembarco de Bahía de los Cochinos, a cambio de 60 millones de dólares en medicina y comida.

Sin embargo, la Casa Blanca rehusó levantar el bloqueo económico que impuso contra Cuba en 1961.
Fuentes: Télam, Efe