Cuando la prensa mundial ya había cerrado sus crónicas con su histórico paso por Tierra Santa, pisando lugares emblemáticos para el cristianismo, y echarse al hombro la negociación por la paz en Medio Oriente, el papa Francisco sorprendió a todos en su viaje de regreso a Roma. En la tradicional charla con los periodistas que cubrieron su viaje por Jordania, Cisjordania e Israel, afirmó que ‘el celibato no es un dogma de fe en la Iglesia Católica’, que hay sacerdotes casados en los ritos orientales y que ‘la puerta está siempre abierta‘ a debatir el tema. Sin embargo, el pontífice aclaró que ‘en este momento hay otros temas sobre el tapete‘.

‘El celibato no es un dogma de fe, es una regla de vida, que yo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia‘, consideró Francisco.

En la Iglesia Católica de rito latino, el celibato eclesiástico, es decir, la renuncia al matrimonio y la promesa de castidad, es obligatorio para los sacerdotes desde el II Concilio de Letrán, en 1139. No lo es, por el contrario, en las iglesias católicas de rito oriental.

El predecesor de Francisco, el papa emérito Benedicto XVI, se mostró tajante sobre el papel del celibato en la Iglesia romana. Ratzinger, de quien se sabe que en su juventud tuvo dudas sobre esta disciplina, llegó a defender el ‘valor sagrado‘ del celibato, aunque reconoció que no se trataba de ‘un dogma‘.

Pero las palabras de Jorge Bergoglio sobre el celibato no fueron las únicas que causaron revuelo en el avión. Ante una pregunta concreta no descartó una eventual renuncia al papado si las fuerzas no lo acompañan: indicó que podría seguir los pasos del papa emérito Benedicto XVI y retirarse cuando crea que no tiene la fuerza para mantenerse en el cargo.

‘El Papa emérito es una institución de la Iglesia. Él (Benedicto XVI) abrió una puerta, la puerta de los papas eméritos‘, dijo Francisco. ‘¿Habrá más (renuncias papales)? Sólo Dios sabe si habrá otros, pero la puerta está abierta‘. Si el momento llega -explicó- ‘haré lo que el Señor me diga, rezar y tratar de encontrar la voluntad de Dios. Pero creo que Benedicto XVI no fue un caso único‘.

Francisco habló con los reporteros durante casi una hora tras su viaje de tres días a Jordania, Cisjordania e Israel, y respondió con candor y humor a las 11 preguntas que se le hicieron.

Pero el pontífice trató de reducir las expectativas sobre su planeado encuentro en el Vaticano el mes próximo con los presidentes de Israel y los palestinos, que anunció durante el viaje, haciendo hincapié en que iban a rezar juntos y que no es una mediación de paz.

El Papa comentó a los periodistas sus planes de viajar a Sri Lanka y Filipinas en enero de 2015 y anunció que el próximo mes se reunirá en el Vaticano con un grupo de víctimas de abuso sexual y declaró ‘cero tolerancia‘ con cualquier miembro del clero que viole a un menor. Reveló que tres obispos son investigados por el Vaticano por razones relacionadas con abuso sexual, aunque no estaba claro si están acusados de cometer abuso en sí o de haberlo ocultado.

El Papa concluyó su histórico viaje de tres días a Tierra Santa, donde abogó por la paz en Medio Oriente, plantó un olivo argentino e hizo un gesto interreligioso fuerte al abrazarse con un rabino y un musulmán connacionales en el Muro de los Lamentos.

Francisco también estuvo en la Explanada de las Mezquitas, donde exhortó a que nadie utilice el nombre de Dios para justificar la violencia y condenó ‘la tragedia inconmensurable‘ del Holocausto judío durante su visita al memorial Yad Vashem de Jerusalén.

‘Lo logramos‘, exclamó el pontífice al abrazar al rabino Abraham Skorka y al referente islámico Omar Abboud, dos connacionales, tras rezar en silencio y colocar un Padre Nuestro escrito en español de su puño y letra entre las piedras del Muro de los Lamentos. Luego mantuvo un largo diálogo con el presidente de Israel Shimon Péres y pidió que Jerusalén sea la ‘Ciudad de la Paz’ abierta al mundo.