Cuando un pozo petrolero de Britrish Petroleum (BP) explotó y se hundió en el Golfo de México el 20 de abril del año pasado, en un accidente que mató a 11 trabajadores, las autoridades primero dijeron que no había una pérdida de petróleo en el océano. Se equivocaron. Se liberaron 4.9 millones de barriles de crudo a lo largo de tres meses y garantizó, a primera vista, un cúmulo de desgracias para cualquier empresario o pescador de la zona.
A un año, el petróleo del peor derrame en la historia de EEUU anegó los pantanos, contaminó el océano y puso en peligro la vida salvaje, sin mencionar el costo para las economías costeras de Florida, Misisipi, Alabama y Luisiana. Fue, además, el peor accidente petrolero en los océanos. El desastre que cautivó la atención del mundo durante 153 días estalló a las 21.53 hora local (00.53 en Argentina, del 21 de abril), cuando una ola de gas metano inició una explosión en la plataforma Deepwater Horizon en momentos en que estaba perforando el pozo Macondo 252, costa afuera del estado de Luisiana. Dos días después, la plataforma se hundió.
La batalla por salvar el ecosistema de la zona, seguirá librándose aún durante décadas, según todas las predicciones científicas.
La Federación Nacional de Vida Silvestre (NWF por su sigla en inglés) describe un sistema ecológico mutilado por el derrame que podría demorar mucho tiempo en recuperarse, ya que miles de pájaros y otras especies murieron.
Las tortugas marinas fueron severamente afectadas. La población de atún de aleta azul estaba justo reproduciéndose cuando el derrame manchó el Golfo de México. La contaminación redujo la producción de atún juvenil en un 20 %.
Pocos lugares ilustran el daño de forma más patética que en Bay Jimmy, un sitio de reproducción de camarones, peces y ostras, en una serie de canales al sur de Nueva Orleans.
"Nos preocupa el hábitat y la vida salvaje", dijo Maura Wood, coordinadora senior de NWF. Este año, los cuerpos de 153 delfines nariz de botella aparecieron en las costas del Golfo de México: 65 eran recién nacidos, nonatos o nacidos prematuramente, según datos de la Administración Atmosférica y Oceánica Nacional. Esos delfines fueron concebidos en el momento del derrame.
Tampoco levantan cabeza muchos animales de la zona, en particular las más de 400 tortugas en peligro de extinción que resultaron contaminadas, aunque otras especies se han recuperado casi por completo, como los pelícanos cuyas alas manchadas de negro protagonizaron millones de fotografías.
Una víctima corporativa del derrame fue el presidente ejecutivo de BP, Tony Hayward, quien perdió el empleo en julio pasado por una tormenta de críticas por su insensibilidad hacia los residentes del Golfo de México.
El gigante petrolero gastó más de 16.000 millones de dólares en proyectos de restauración, mientras que el gasto total por el derrame ascendería a 40.900 millones de dólares.
El desastre hizo caer el valor de mercado de BP en 70.000 millones de dólares y la acción cayó de 61 dólares antes del derrame a 26,75 dólares a fines de junio del 2010. Sin embargo, desde entonces se recuperó parcialmente a 45,54 dólares.
Sin embargo, no hay estimaciones claras sobre el daño económico debido al amplio rango de sectores que afectó, desde la pesca hasta el turismo, las finanzas municipales, bienes raíces, banca y servicios.
Tom Becker, presidente de la Asociación de Capitanes de Buques de Pasajeros de Misisipi, dijo que su negocio cayó un 50 % debido a la percepción entre los clientes de que las aguas del Golfo de México aún eran inseguras.

