La reelección del presidente Barack Obama le brinda una segunda oportunidad para consolidar la economía de Estados Unidos, pero para ello necesitará un jefe del Tesoro con capacidad para alcanzar acuerdos que consigan controlar la deuda de la nación.
Se espera que el presidente se mueva rápidamente para anunciar un sucesor del actual secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien ha dejado claro que no ocupará el cargo durante un segundo mandato de Obama.
En parte, el rechazo de Geithner al cargo es por el gran desgaste acumulado durante la gestión de la recuperación económica del país tras la crisis de 2008. El sustituto de Geithner, que acompañó a Barack Obama durante toda la primera gestión presidencial, tendrá entre sus retos reducir el desempleo, actualmente en un 7,9 por ciento, y negociar con el políticamente fracturado Congreso para acordar un plan de recorte del déficit público que evite cortes automáticos del gasto y la extinción de las rebajas impositivas adoptadas en los años del expresidente George Walker Bush.
El efecto combinado de esas dos medidas puede precipitar a la primera economía del mundo a una nueva recesión, según advierten todos los observadores y organismos internacionales.
En la lista de posibles aspirantes a convertirse en capitán de la economía norteamericana está el jefe de gabinete de Obama, Jack Lew, un experto en contabilidad gubernamental quien se desempeñó como director de presupuesto del reelecto mandatario y del expresidente Bill Clinton. Designar a Lew sería una señal a los mercados financieros de que Obama se está tomando en serio el tema de recortar el déficit y reformar el código tributario.
Sin embargo, Lew, un ex ejecutivo de Citigroup, irritó a los legisladores republicanos cuando ayudó a negociar un acuerdo sobre el presupuesto 2011 que se tradujo en gastos discrecionales y presentó en su lugar 1,2 billones de dólares en
recortes de gastos.
Debido a que los republicanos mantienen el control de la Cámara de Representantes, Obama necesita desesperadamente
alguien que pueda negociar. Erskine Bowles, quien fue jefe de equipo de Bill Clinton, se ajusta a ese modelo.
Bowles se convirtió en una celebridad en Washington después de que Obama lo hizo trabajar con el republicano Alan Simpson, al encargar a ambos la elaboración de un plan para recortar el déficit.

