Colombia vivía anoche horas de alta tensión, tristeza e incertidumbre porque sorpresivamente los colombianos rechazaron en las urnas, en un apretado plebiscito, el histórico acuerdo de paz logrado y firmado entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC. Así, quedó a punto de naufragio el pacto para acabar con un conflicto armado de medio siglo, que ahora corre el riesgo de recrudecer. Mientras el presidente, Manuel Santos, dijo que continuará el alto el fuego bilateral y definitivo con las FARC pese a la victoria del ‘No‘ al acuerdo de paz alcanzado con esa guerrilla. A su vez adelantó que hoy mismo convocará a ‘todas las fuerzas políticas‘ para ‘determinar el camino a seguir‘, además ordenó a los negociadores de su Gobierno que se desplacen a La Habana para mantener informados a las FARC sobre los resultados de este diálogo.
Precisamente desde La Habana, el máximo líder de las FARC, Timoleón Jiménez, ‘Timochenko‘, afirmó anoche que esa organización mantiene ‘su voluntad de paz‘ ‘y su disposición de usar solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro‘.
‘No me rendiré; seguiré buscando la paz hasta el último minuto de nuestro mandato‘, aseguró el jefe Santos en un breve mensaje que dio desde la Casa de Nariño, sede del gobierno central.
El ‘No‘ obtuvo un 50,22% de los votos frente al 49,77% de quienes lo avalaron, con el 99,85% de los sufragios escrutados, dejando al descubierto la polarización de Colombia en torno al grupo rebelde y la posibilidad de que se integren a la sociedad. La participación fue del 37,41 % con 13.059.173 votantes.
Con este resultado, los colombianos echaron por tierra cuatro años de negociaciones que culminaron la semana pasada con la firma de un histórico pacto por parte del presidente Juan Manuel Santos y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko‘.
‘Voté por el ’No’. No quiero enseñar a mis hijos que todo es perdonable‘, dijo Alejandro Jaramillo, ingeniero de 35 años.
El acuerdo para poner punto final a un enfrentamiento que dejó 220.000 muertos, establecía que las FARC dejarían las armas para hacer política, creaba una instancia judicial especial para juzgarlos, establecía subsidios para que se integraran a la sociedad y compensaciones a las víctimas del conflicto.
Aunque para implementar el acuerdo no era obligatorio un plebiscito, el presidente Santos, apostando su capital político, quiso que tuviera legitimidad en la dividida Colombia. Pero ahora, según su compromiso, ya no podrá ponerlo en marcha.
El mandatario consideraba la consulta como la decisión política más importante de la historia reciente para la conservadora sociedad de Colombia y se perfilaba como un candidato al Nobel de la Paz por lograrlo.
El plebiscito mostró el rechazo que tiene la sociedad a pactar con los jefes guerrilleros, que para muchos traen recuerdos de asesinatos, secuestros y ataques que creen deben ser castigados con la cárcel y sin la posibilidad de ocupar cargos de elección popular.
‘Es un mensaje de grandeza, es un mensaje de dignidad, de amor a Colombia y yo les pido a todos los ciudadanos que tengan confianza de que vamos a saber manejar esta situación sin sobresaltos, vamos a trabajar con el Gobierno para poder reconducir este acuerdo‘, dijo el político Francisco Santos, un hombre cercano al popular expresidente Alvaro Uribe, que lideró la campaña de rechazo al acuerdo.
