La Embajada de EEUU en Buenos Aires fue hasta la madrugada el epicentro en el país de la elección que consagró a Obama, en una velada a la que fueron diplomáticos, políticos y empresarios y que incluyó un simulacro de votación que también consagró al candidato demócrata.

La convocatoria fue realizada por la embajadora Vilma Martínez, que abrió las puertas de su residencia, el elegante Palacio Bosch, en el barrio porteño de Palermo. Al ingresar, dos gigantografías de los candidatos, con la paradoja de Obama a la derecha, y el republicano Mitt Romney a la izquierda, recibían a los presentes.

“Sea quien sea elegido presidente, se va a reconocer el interés común que hay con Argentina en muchos temas”, señaló con diplomacia Martínez, horas antes de que se conociera el resultado de los comicios en el país del Norte. La embajadora aseguró que el vínculo bilateral va “a seguir en un buen camino” y subrayó que la relación comercial entre ambos países “es muy grande”, con “más de 500 empresas estadounidenses aquí empleando a más de 150.000 argentinos”.

Sobre los planteos mutuos en materia de intercambio, Martínez deslizó: “Tenemos diferencias comerciales y vamos a solucionarlas todas en Ginebra (en referencia a la Organización Mundial de Comercio, OMC) porque es el interés de ambos países”. Ambos países presentaron ante la OMC sendos reclamos por trabas al comercio.

A la residencia llegaron unas 500 personas, entre ellas el exembajador argentino ante Washington José Octavio Bordón (2003-2007), las legisladoras opositoras María Eugenia Estenssoro y Patricia Bullrich, y figuras del mundo empresario, como el titular de Fiat Argentina, Cristiano Ratazzi, e Inés Lafuente, heredera de la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat. El 48% de los asistentes 8218 personas) participaron del simulacro de votación, en las que Obama se impuso con mayor holgura en comparación con los comicios reales: Barack arrasó con 160 votos (73%), frente a los 57 que cosechó Romney (26%).

La residencia mostró sus mejores galas, con banderas en rojo, blanco y azul, y puestos para comprar prendedores con los emblemas demócrata y republicano, calcomanías, lapiceras y agendas, mientras que una estatua de la Libertad viviente posaba para las fotos. Para matizar la velada, se ofreció champagne, vinos, agua y bebidas cola, que se pudieron acompañar con los tradicionales hot dogs americanos, sandwiches de pastrón, tacos mexicanos y papas bañadas en queso cheddar. (DyN)