Con un apoyo mayor al esperado inicialmente, Barack Obama ganó su reelección este martes y volvió a hacer historia en los EEUU, aunque no tendrá tiempo para festejar. Deberá lidiar casi de inmediato con el llamado ‘abismo fiscal‘, una mezcla de alzas de impuestos y recortes de gastos que restarían unos 600.000 millones de dólares a la economía estadounidense si el Congreso no toma medidas.
Otro gran desafío del demócrata será unir ahora a un país enormemente dividido tras la contienda electoral.
Aunque el presidente se impuso en la mayoría de los Estados en disputa, en votos fue apenas dos puntos porcentuales de diferencia: 50 frente a 48.
La diferencia con Mitt Romney en votos electorales es hasta el momento, 303 frente a 206, superior a la prevista, pero mucho más exigua de la que le llevó en 2008 a la Casa Blanca en su duelo contra John McCain (365-173).
En el plano económico están en juego dos cosas diferentes: recortes de impuestos a los particulares que vencen a fines de este año y decenas de miles de millones de dólares en recortes generalizados al gasto que entrarían en vigor a inicios del 2013.
Por lo pronto ya se puso en contacto telefónico con los líderes de un Congreso dividido para que forjen ‘soluciones bipartidistas‘ para los problemas económicos del país. Si no se logra evitar este abismo, los mercados estadounidenses y globales podrían sufrir turbulencias, al tiempo que la economía del país podría caer en recesión. La forma en que Obama enfrente estos desafíos, sobre todo con una Cámara de Representantes controlada por la oposición republicana, podría marcar su segundo mandato.
Obama deberá llegar a un acuerdo con el Congreso antes del 31 de diciembre, dado que de lo contrario la economía podría entrar en recesión durante el primer semestre del 2013 y acabar con la insipiente recuperación.
Un segundo mandato lo da la oportunidad de insistir con una iniciativa fiscal que impulsó sin éxito durante sus primeros cuatro años. Su plan es generar nuevos ingresos impositivos, realizar cambios a programas populares como Medicare y reducir el déficit público.
Obama y la mayoría de los demócratas están lejos de los republicanos en el tema más espinoso: si se deja que los recortes impositivos para los más ricos venzan el 31 de diciembre.
El presidente quiere subir el impuesto a la renta de los que ganen más de 250.000 dólares anuales, mientras que los republicanos buscan extender las actuales bajas tasas para todos los niveles de ingresos.
Un gran interrogante es cómo los legisladores republicanos reaccionarán a la victoria de Obama. La fuerte oposición a subir los impuestos podría no disminuir tras la elección.
El presidente de la Cámara Baja, John Boehner, dijo que los republicanos mantendrían su rechazo a cualquier alza de impuestos, incluso para los millonarios. También se resisten a avanzar con la frustrada reforma migratoria que impulsa Obama. Tal como se esperaba, los republicanos mantuvieron el control de la Cámara en las elecciones del martes, y los demócratas mantendrían la mayoría del Senado lo que anticipa lucha sin cuartel.

