Ayer sumaban 7 las muertes en Holanda, luego de que un auto se dirigiera a toda velocidad hacia un colectivo abierto en el que viajaba la reina Beatriz de Holanda y su familia durante un desfile.

El vehículo no chocó al colectivo, pero embistió a una multitud de espectadores y mató a seis personas, mientras que ayer murió el conductor tras el incidente ocurrido el jueves pasado.

La televisión mostró imágenes de una horrorizada princesa Máxima parada delante de su asiento en la parte superior del ómnibus con su boca tapada con una de sus manos en señal de profunda consternación por el incidente.

Un fiscal dijo creer que el hecho, ocurrido en la ciudad de Apeldoorn, fue deliberado, pero no un acto de terrorismo. El agresor confesó a la Policía que su objetivo era el convoy real, aunque no reveló sus motivos. Según informan los medios holandeses, el hombre no tenía antecedentes penales ni problemas psiquiátricos, aunque sí había perdido recientemente su trabajo.

El vehículo, conducido por un ciudadano holandés de 38 años, atropelló a parte del público que esperaba el paso de la Familia Real y acabó empotrado contra un monumento junto a la calzada.

El ataque motivó la cancelación inmediata de las festividades del Día de la Reina -que se celebra en todo Holanda- en Apeldoorn y en la mayoría de ciudades del país.

La Policía ha examinado minuciosamente en las últimas horas el vehículo y la casa del agresor, pero no ha encontrado ningún indicio de que hubiera ninguna persona más implicada.