Automóviles a 260 kilómetros por hora, motores de 1.000 caballos de potencia y enigmáticas convocatorias por Twitter o Facebook. Son las carreras clandestinas chilenas al estilo del filme ‘Rápido y Furioso‘, que cada día crecen en número de seguidores, pero también en peligrosidad.

‘Esto es como fumar, le gusta a gente de todas las edades, clase y condición social. Da igual que sea juez, ladrón o policía. Esto es como un vicio‘, afirma Carlos Jofré, un mecánico y corredor argentino natural de Mendoza y famoso en el mundo de las carreras clandestinas o ‘arrancones‘ porque fue quien introdujo en Chile el ‘nitro‘, el dispositivo que hacía volar el auto de Toretto en la película.

Jofré es también campeón de Chile del ‘cuarto de milla‘, la competición de aceleración entre dos vehículos sobre una distancia de 400 metros que oficialmente se corre en circuitos especialmente acondicionados para este fin.

‘Son sólo seis o siete segundos en los que corres a ’full’ (toda velocidad), no te puedes confundir en nada. Te sube la adrenalina y el corazón se te pone a mil. Debajo del pie derecho tienes mil caballos (de potencia). Yo he tenido suerte, nunca me ha pasado nada‘, comenta a la agencia de noticias Efe.

De ser una práctica asociada inicialmente con delincuentes juveniles, los ‘arrancones‘ se han transformado en un deporte que atrae a un sorprendente número de aficionados, corredores y empresarios exitosos. Pero en Chile actualmente no hay una sola pista donde los aficionados puedan desarrollar su pasión. Por lo que para organizar competiciones de ese tipo hay que pertenecer a un club reconocido por la Federación Chilena de Automovilismo Deportivo y contar con un permiso de organización.

Las carreras clandestinas se desarrollan entre semana. Los aficionados eligen lugares apartados de los municipios del extrarradio de Santiago, donde pueden verse Toyota Supra, Subaru Impresa, Mitsubishi Lancer Evoo o Nissan Skyline GTR.

Pero también en las carreras clandestinas se reproduce el clasismo latente en otros ámbitos de la sociedad chilena: los corredores de los barrios acomodados del este de Santiago prefieren la autopista Costanera Norte para lucir sus Lamborginis, Ferraris y Mustangs.

Pero en este país no hay asociaciones que agrupen a estos aficionados, que encuentran en internet su punto de encuentro con colectivos como ‘Club Cuarto de Milla‘, ‘Carreras Clandestinas‘ o ‘Tuner Show Chile‘, y hacen de las calles y autopistas urbanas su centro de operaciones, lo que despierta preocupación en las autoridades.

En junio de 2011, cinco senadores de diferentes partidos políticos presentaron un proyecto de ley para sancionar a quienes organicen y compitan en carreras ilegales de autos, pero la iniciativa está paralizada. Si se convirtiera en ley, los corredores clandestinos se arriesgan a ser sancionados con la pena de presidio menor (entre 61 y 540 días de cárcel), seis meses de suspensión de la licencia de conducir y una multa de entre 800 y 600 dólares.