En el desierto de Nevada, un lugar inhóspito de los Estados Unidos donde las temperaturas diurnas rozan los 50 grados para caer por debajo de los cero por la noche, está la ciudad más exclusiva del mundo, Black Rock City.

Miles de personas se acercan para celebrar el festival Burning Man, definido por sus promotores como «un experimento en comunidad de autoexpresión y autosuficiencia radical». Porque en la ciudad más exclusiva del mundo está prohibido el dinero.
Los ordenadores o teléfonos móviles son inútiles, porque ni hay wifi ni cobertura. Y hay que sobrevivir con la comida que lleve cada uno, porque lo único que se vende en Black Rock City son hielos y café.

Black Rock City parece una estación espacial extraterrestre. Sus edificios son esculturas y templos destinados a ser quemados y sus calles, ordenadas en forma semicircular, se organizan en torno a un ídolo de madera conocido como El Hombre (The Man).

En Black Rock City está prohibido el dinero. Trabajar en equipo y participar en toda clase de actividades artísticas es preceptivo y explorar el yo profundo una obligación. Todo esto, bajo un sol abrasador y en medio de un arenal en el que (de nuevo, supuestamente) no están permitidas las comodidades y todo debe conseguirse mediante la autogestión.

El secretismo es una de las características diferenciales de este acontecimiento. Hasta 2008, los voluntarios de la organización controlaban escrupulosamente el uso de móviles por parte de los asistentes, bajo pena de destierro.

El lecho de un lago seco donde las temperaturas alcanzan más de 55 grados de día y bajan a 5 de noche.

El evento dura siete días. Allí el principio de la inmediatez les obliga a disfrutar del aquí y del ahora cada segundo de su estancia: hay poesía, hay música, hay circo, tragasables, faquires y titiriteros.

A principios de los 90, el festival había crecido tanto que decidieron trasladarlo a Nevada, donde se llegan a juntar hasta 70.000 personas para disfrutar de un acontecimiento único.

El evento nació en 1986 en una playa de San Francisco, gracias a Larry Harvey y Jerry James, quienes decidieron celebrar el solsticio de verano quemando una figura de madera de un hombre de más de dos metros de altura.

"Es un lugar que hace todo lo posible por matarte. Las tormentas de arena son muy frecuentes. No puedes ver tus manos durante horas. Tienes que aprender a sobrevivir y divertirte", cuenta un burner que, fiel a la consigna, prefiere mantenerse en el anonimato.

Hasta 1990, solo los colonos del siglo XIX, que lo atravesaban para llegar a las minas de oro de California, y los mafiosos de los años treinta, que depositaban allí los cadáveres de sus ajustes de cuentas, sabían dónde quedaba el desierto de Black Rock: 2.590 kilómetros cuadrados de tierra cuarteada en el estado de Nevada.

En el desierto de Nevada, un lugar inhóspito de los Estados Unidos donde las temperaturas diurnas rozan los 50 grados para caer por debajo de los cero por la noche, está la ciudad más exclusiva del mundo, Black Rock City.