El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció ayer el abandono del proyecto de un escudo antimisiles en Europa concebido por la Administración de George W. Bush y que se verá sustituido por un sistema con "un nuevo enfoque".

El fin del proyecto puede abrir el camino para mejorar las relaciones con Rusia, que había protestado enérgicamente contra ese escudo, pero fue acogido con malestar entre una oposición republicana que acusa a Obama de debilitar la defensa del país.

El plan de Bush contemplaba instalar 10 misiles interceptores en Polonia y un sistema de radar para detectar proyectiles enemigos en República Checa.

El Gobierno de Estados Unidos había concebido el sistema para atajar posibles ataques desde Irán, pero Rusia lo veía como una amenaza contra su territorio. La decisión anunciada ayer se adoptó, según Obama, por la recomendación "unánime" de los responsables militares.

Hasta el momento se había sobrevalorado la amenaza procedente de los misiles de largo alcance iraníes, mientras que los servicios secretos consideran ahora que el verdadero peligro podría provenir de los misiles de corto y medio alcance. "Estos -señaló Gates- se están desarrollando de manera más rápida de lo previsto". De todos modos, analistas estimaron que la decisión estuvo motivada, al menos en parte, por la necesidad de contar con un mayor apoyo de Rusia para presionar a Irán a que congele partes de su programa nuclear.

Obama dijo repetidas veces que su decisión dará mayor protección a su país y sus aliados. "Estoy comprometido a desplegar poderosos sistemas de defensa antimisiles que sean adaptables a las amenazas del siglo XXI", declaró el mandatario. No obstante las críticas no tardaron en llegar. El senador republicano John McCain, dijo que la decisión fue decepcionante y que "tiene el potencial de socavar el liderazgo de Estados Unidos en Europa del Este". Asimismo, el vicepresidente del bloque republicano en la Cámara de Representantes, Eric Cantor, de Virgina, dijo que trabajará "para revertir esta política equivocada".

Obama respondió a estas últimas críticas con la promesa de que el nuevo sistema no debilitará la defensa en Europa, sino que la reforzará, será más eficiente y más económico. "Nuestra nueva arquitectura de defensa antimisiles en Europa aportará defensas más fuertes, más inteligentes y más rápidas a las fuerzas estadounidenses y sus aliados" de la OTAN, sostuvo el mandatario. Desde su llegada al poder, la nueva Administración demócrata había dejado clara una actitud más escéptica acerca de la eficacia del proyecto.