El Vaticano pidió ayer no deducir ‘consecuencias relativas a enseñanzas de la Iglesia‘ en las llamadas telefónicas que realiza el papa Francisco y advirtió que la difusión del contenido de esas conversaciones privadas puede provocar ‘confusión‘.
El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, diferenció las llamadas personales del pontífice de su actividad pública, tras la polémica suscitada a raíz de que una mujer de Santa Fe casada con un divorciado dijo que el Papa la llamó para autorizarla a recibir la comunión.
‘Hay que evitar deducir de esta circunstancia consecuencias relativas a la enseñanza de la Iglesia‘, aseveró en un comunicado el vocero vaticano. Lombardi aclaró que esas comunicaciones telefónicas del pontífice son parte de sus ‘relaciones personales pastorales‘. ‘Como no se trata absolutamente de la actividad pública del Papa no hay que esperar informaciones o comentarios por parte de la Oficina de Prensa‘, agregó en un comunicado de prensa aclaratorio.
El vocero de la Santa Sede, Federico Lombardi, sostuvo que ‘las noticias difundidas sobre esa materia, ya que están fuera del ámbito propio de las relaciones personales, y su amplificación mediática, no tienen por lo tanto confirmación alguna de fiabilidad y son fuente de malentendidos y confusión‘.
El miércoles pasado, el sacerdote José Ceschi, de la localidad de San Lorenzo, provincia de Santa Fe, descreyó que el papa Francisco haya autorizado recibir la comunión a una mujer de esa localidad, como ella y su esposo dijeron esta semana tras recibir una llamada del pontífice.
El Vaticano señaló ayer que las llamadas telefónicas personales del papa Francisco no tienen consecuencia sobre el magisterio de la Iglesia Católica.
El tema de la comunión de los divorciados en nueva unión civil es motivo de discusión en el Vaticano y el Papa convocó a un sínodo en octubre próximo en el que se analizarán las nuevas realidades familiares y el modo en que la Iglesia debe encarar ‘con misericordia‘ esta pastoral específica. Para algunos observadores, la Iglesia se encamina a permitir la comunión a los católicos divorciados en nueva unión, al menos en ciertos casos y bajo determinadas condiciones.
En febrero pasado, en una homilía en la misa que cada mañana celebra en su residencia, Casa Santa Marta, el papa Francisco pidió ‘no condenar‘ sino ‘acompañar‘ a las personas que han fracasado en su matrimonio.
Fuente: Agencias
