Buenos Aires, 4 de octubre.- Para averiguar la fuerza de la conexión entre un objeto y el primer olor asociado a él, los investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias trabajaron con un grupo de voluntarios adultos. En primera instancia, estos últimos debieron ver un objeto y oler esencias agradables y feas, y escuchar una serie de sonidos.

Siete días después, los participantes en el estudio volvieron a observar el mismo objeto, y los científicos analizaron la fuerza de la asociación con los aromas y ruidos. Todo el tiempo siguieron de cerca la actividad de los cerebros a través de un equipo de imágenes por resonancia magnética funcional.

Los expertos encontraron que los voluntarios recordaban mucho más claramente las primeras sensaciones, sin importar si eran olores o sonidos lindos o feos. El moderno equipo de imágenes reveló otro dato clave: la primera sensación olfatoria activaba ciertas regiones particulares del cerebro que ni se inmutaban frente a los sonidos. Nuevamente, no hizo la diferencia que este aroma fuera placentero o desagradable.

Encontramos que esa primer asociación entre un objeto y un olor tiene un efecto distintivo en el cerebro, explica Yaara Yeshurun, uno de los autores del estudio.

Y agrega que el hecho de que el cerebro recuerde las primeras experiencias poco placenteras tiene un sentido evolutivo. Sería una forma de medir y manejar los posibles riesgos.

La investigación sugiere que las dos partes del cerebro responsables de dar un lugar importante a un recuerdo podrían ser el hipocampo y la amígdala.

Los investigadores del Instituto Weizmann opinan que, en el futuro, estos descubrimientos se podrían aprovechar para fortalecer ciertas memorias específicas y aún más importante, nos ayudarían a generar métodos para olvidar recuerdos tempranos y fuertes, como los traumas.

Sin embargo, advirtien que todavía se está muy lejos de lograr semejantes desarrollos ya que se debe profundizar mucho en estos conocimientos.