Las bolsas mundiales caían ayer, después de que el nuevo Gobierno conservador de Hungría advirtiera que el déficit público del país europeo puede ser mucho más elevado de lo pensado, lo que generó un gran nerviosismo internacional ante el temor de una nueva crisis como la de Grecia.

Péter Szíjjártó, portavoz del Ejecutivo húngaro, dijo ayer que "la economía (del país) está en una situación muy grave" y acusó al anterior Gobierno socialista de haber manipulado los datos económicos, tal y como había hecho Grecia. El portavoz aludía así a una advertencia del vicejefe del gobernante partido Fidesz, Lajos Kósa, quien el jueves pasado aseguró que Hungría sufre una crisis "comparable a la de Grecia". Según el portal económico napi.hu, Szíjjártó agregó que no es exagerado hablar de que el país está cerca de la bancarrota.

El Banco Nacional de Hungría pronostica para este año un déficit del 4,5 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), mientras que el Fidesz (el partido que empezó a gobernar Hungría la semana pasada) lo eleva ahora hasta el 7,5 por ciento.

En el 2009, la economía se contrajo un alto 6 por ciento pero se pensó que el déficit del presupuesto estaba contenido a aproximadamente un 4 por ciento del PBI. Ahora el Gobierno de Fidesz está sugiriendo que el déficit excederá la meta acordada de este año de un 3,8 por ciento del PBI.

Supuestamente, Hungría -uno de los países más afectados por la actual crisis- fue rescatada en el 2008 por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Recibió un préstamo de 20.000 millones de euros, a fin de evitar la bancarrota.

Pero hay preocupación de nuevo. Según analistas, la afirmación del primer ministro Viktor Orban de que el Gobierno anterior había "falsificado información" sobre la situación económica del país fue como un suicidio.

Péter Krekó, director de investigaciones del instituto Political Capital, señaló que este discurso podía formar parte de "las técnicas de negociaciones" del Fidesz con el FMI, del que espera que "ablande" sus exigencias de austeridad, lo que daría más margen de maniobra al Gobierno. El partido gobernante debe darse cuenta rápido que aunque los remedios del FMI tengan mal sabor, sin ellos Hungría pronto estará otra vez en una crisis potencialmente fatal.

Desde que Hungría recibiera el préstamo internacional, el país tuvo que introducir severas medidas de austeridad, como el recorte de sueldos de funcionarios y pensionistas, lo que ahora dificulta al gabinete el cumplimiento de sus promesas electorales, entre ellas una reducción "radical" de los impuestos.

En declaraciones a una emisora local, Orban señaló que habrá "cambios estructurales" y reiteró que se aplicarán reducciones de impuestos para impulsar el consumo y la economía. Del otro lado, la Comisión Europea instó a Hungría a reducir más rápido su déficit presupuestario, frente al aparente deseo del Gobierno de no ser tan duro en este aspecto.

Hungría es una advertencia de que otros países que el FMI y la UE han rescatado -especialmente Grecia- podrían requerir más asistencia si se debilita la voluntad de aguantar duras medidas de austeridad.

Hungría misma podría tener problemas pronto. Su deuda pública es mucho menor a la de Grecia o Italia. Pero su mayor debilidad es el gran nivel de crédito nacional en francos suizos y euros. La baja del forinto (la moneda) registrada ayer perjudica a los ciudadanos que tienen créditos en divisas.