"En las calles, ves japoneses con pancartas en manifestaciones públicas, rechazando la energía nuclear. Algo histórico, rarísimo". Un año después del tsunami que generó accidentes nucleares, Japón recién está "recuperando los niveles de una economía que se contrajo, tras sufrir el impacto del sismo", explica el cordobés Rodolfo Altuna.
Nieto de un sanjuanino, Rodolfo vive con su familia en Japón, donde hace un año se registró un terremoto y un tsunami que provocaron unos 20.000 muertos y desaparecidos.
"Los japoneses llevan en la carne ese gran dolor. No se les va a ir tan fácil", cuenta el cordobés, que vive en la prefectura de Shizuoka, a unos 400 kilómetros de la ciudad de Fukushima, una zona clave de la tragedia.
"Por donde yo vivo, ahora se ven varias centrales nucleares cerradas, porque las están reestructurando. Se redestinó personal a otras unidades que, en vez de trabajar con energía nuclear, trabajan con carbón", cuenta Rodolfo, que vive en Japón con su esposa y sus dos hijos desde hace más de diez años.
Sin ninguna duda, asegura que el Estado no ha sido indiferente ante el tsunami: "pusieron nuevas plantas que funcionan a carbón para generar energía que no sea tan polutiva. Nosotros vivimos a 11 kilómetros de una usina eléctrica que se ha reformado en su totalidad. Puede resistir un movimiento sísmico de 11 grados". Dos más que el terremoto de 9 grados en la escala de Richter seguido de un devastador tsunami que el 11 de marzo del 2011 arrasaron la costa noreste de Japón y paralizaron el sistema de refrigeración de la central de Fukushima Daiichi.
"En materia de prevención, hubo muchas revisiones sorpresivas en usinas y paradas en frío de reactores nucleares. Eso ha repercutido en el sistema energético. Entonces, la luz se ha vuelto más cara. La industria ha decidido que los trabajadores descansen jueves y viernes y que trabajen sábados y domingos, porque el costo de la luz es más barato esos días", explica Rodolfo, de 40 años. Las escuelas también abren sus puertas sábados y domingos.
Chau horas extras
La drástica reducción de horas extras es el efecto más común en el plano laboral tras el tsunami. Aunque también hubo importantes pérdidas de puestos de trabajo", cuenta Altuna. "El trabajo se lo llevó el mar. Muchas fábricas sucumbieron bajo las aguas e impactaron a toda la industria tecnológica, automotríz y de electrodomésticos". La explicación es porque los repuestos y autopartes se fabrican en distintos puntos de Japón y se los ensambla en otros.
"Hubo mucha gente que perdió su empleo, pero ya se está recuperando el tema laboral así como la economía. La bolsa volvió a los 9.500 puntos que tenía antes del tsunami. El mejor Nikkei que recuerdo es de 11.000 puntos en 2008 y 2010", narra Rodolfo en una fábrica de desarrollo de tecnologías de autopartes.
"Inconscientemente siempre sale la conversación. Todavía hay temor a otra catástrofe nuclear. Se cerraron varias plantas. Donde yo vivo hay una que el mismo Gobierno mandó a parar. Entonces están buscando otras fuentes de energía, como la eólica", explica Hamasaki, que vive en Shizuoka.
Aunque nació en Buenos Aires, Hugo llegó a vivir en Santa Lucía y Concepción. Actualmente trabaja en una fábrica de rulemanes en Japón. "Ahora no podemos hacer muchas horas extras en el trabajo. Antes del sismo sí. Al caer las horas extras baja mucho el salario nuestro", contó Hugo tras agregar que todo esto afecta a trabajadores extranjeros.
"Como la gente se está olvidando de lo que pasó en Fukushima, entonces bajaron los niveles de ayuda financiera para la reconstruccion. Es que a los veinte días ya habían algunas casas construidas", dice Hugo, aunque advierte que aún falta para que todo vuelva a ser como antes.
"Tengo amigos que fueron a ayudar a Fukushima. Allí hay construcciones que ya no están. Hay mucha gente en lugares de evacuación. Se va limpiando pero nunca acaba. Dicen que va a demorar cinco años concluir las tareas", remata Hugo.
Maletas hechas
Hugo cuenta que el pueblo nipón, él incluido, vive en un permanente estado de alerta sismológica porque los científicos esperan otro sismo que supere los 8 grados. La misma inquietud por ese supuesto gran sismo,
tiene a Gabriela Tamashiro, esposa del cordobés Rodolfo Altuna con las maletas hechas. "Yo tengo mucho miedo. Aquí está toda la gente prevenida porque hace muchísimos años están esperando un terremoto mucho más fuerte que el del año pasado. Esperan que ocurra en la zona donde yo vivo", contó Gabriela.
Se trata del denominado terremoto de Tokai que expertos esperan que ocurra a la altura de Shizuoka.
Gabriela, cuyo padre tiene descendencia japonesa, trabaja en una fábrica de velocímetros para vehículos.
Tras el tsunami, llegaron a reducirle las horas de trabajo. "Ahora la gente está preparada. Es frecuente ver por las calles construcciones de refugios y escaleras cerca de la playa para que usen los japoneses en caso de tsunami. También se ofrecen mochilas con salvavidas incluidos para el caso de otro tsunami. "Aquí todos los japoneses tienen su mochilita preparada con elementos de primeros auxilios para poder sobrevivir en caso de catástrofe. Yo por ahí la armo. Por lo menos, tenemos la mochila con todos los documentos guardados en un lugar. Dejamos una mochila con ropa, con agua. Son cosas que vos no sabés en que momento pasan", concluyó.

