Al menos 35 personas murieron y 60 resultaron heridas ayer en un atentado suicida con explosivos cometido en Pakistán cerca de una cola de personas que esperaba cobrar su sueldo en un edificio que alberga un banco y un hotel, informaron autoridades.

La explosión eclipsó el anuncio del ejército de que sus fuerzas tomaron un bastión de la insurgencia talibán en el noroeste del país, y coincidió con la decisión de la ONU de retirar personal de esa región por motivos de seguridad.

El ataque en la ciudad de Rawalpindi fue obra de un hombre que iba en moto y detonó explosivos que llevaba consigo frente a "una fila de personas que esperaba cobrar su salario en una entidad bancaria", en el centro de la ciudad, informó la policía local. El estallido esparció restos humanos y destruyó los vidrios ventanas del edificio de varios pisos frente al que fue cometido, donde se ubican el banco y el hotel cuatro estrellas Shalimar. El ataque ocurrió cerca del cuartel general del ejército paquistaní y se produjo a las 10.40 horas locales (02.40 de Argentina).

La norteña Rawalpindi y la capital Islamabad fueron puestas en estado de alerta, en medio de una escalada de violencia en el país que ya dejó unos 300 muertos en un mes.

El atentado no fue reivindicado por ningún grupo armado, pero las autoridades dicen que los talibanes están detrás de la escalada de ataques para vengar una ofensiva militar en curso en su principal bastión, la región tribal de Waziristán del Sur, en el Noroeste.

Las fuerzas de seguridad han recuperado un chaleco explosivo y también la cabeza y las extremidades del supuesto autor del atentado mientras proseguían las tareas de rescate, dijo el oficial de Policía regional Aslam Tarim.

Las autoridades declararon el estado de emergencia en los hospitales para atender a los heridos y ordenaron, por razones de seguridad, el cierre de las escuelas de Rawalpindi.

El gobierno paquistaní condenó el atentado y ofreció una recompensa de 5 millones de dólares por el líder del grupo, Hakemullah Mehsud, y otros 18 jefes talibanes.

Cerca del anochecer, dos atacantes suicidas se inmolaron con bombas cerca de un control policial en la oriental ciudad de Lahore, y seis personas resultaron heridas, informó la policía.

Más temprano, Pakistán volvió a informar de éxitos en su campaña contra el extremismo islámico en este país con armas nucleares.

El ejército anunció que la ciudad de Kanigurran, un bastión talibán en Waziristán del Sur, "está ahora bajo completo control de las fuerzas de seguridad".

Se trata de un "logro significativo" tras dos días de combates, dijo el general Athar Abbas, vocero del ejército.

Pero el avance en el terreno militar tuvo como correlato un retroceso en el campo humanitario.

Días después de un sangriento atentado que dejó 105 muertos, la ONU inició un retiro parcial de personal de las provincias del Noroeste fronterizas con Afganistán debido a la difícil situación de seguridad, informó hoy el representante de la ONU en Pakistán.

Según el funcionario, el organismo dejará sólo en la zona "personal vital para emergencias, ayuda humanitaria, operaciones de seguridad y otras tareas esenciales".

El resto de personal internacional de la ONU será reubicado fuera de la región noroeste de Pakistán, explicó el funcionario.