Salvo el excitado comentario, recurrente, de los locutores de AM, nada en pleno tránsito por las carreteras chilenas hacía suponer ayer que se trataba del mismo suelo azotado por el brutal terremoto de 8.8 grados el 27 de febrero pasado. Sin embargo, bastó internarse en el intestino santiaguino para comenzar a ver los pilotes metálicos que intentaban sostener los puentes de hormigón similares a los de la sanjuanina Avenida Circunvalación -para evitar su derrumbe-. El sismo quedó impregnado en este suelo.
Imposible no notarlo. El rebote cada vez más incómodo a bordo del minibus, producto de los hundimientos que quedaron tras el evento sísmico, indicaba que el destino estaba cada vez más cerca: la ciudad de Talca, en la Región del Maule. Una línea recta trazada de Oeste a Este comunicaría esta población con Malargüe (Mendoza).
El terremoto quedó sellado en estas calles. Un olor difícilmente identificable en un primer momento ahogaba. Y una película inmunda provocaba ardor en los ojos. Con algo de paciencia, podía adivinarse que era el polvo aún suspendido en el ambiente. El que quedó de los gruesos murallones de adobes estrellados contra el suelo. Y el que aún se elevaba por las demoliciones necesarias de todos aquellos caserones agonizantes. Sentenciados a muerte, con la pintada roja en su fachada: "demoler". Sin embargo, era increíble ver el ritmo de trabajo que se puso en marcha para recuperar el mapa de rutas y carreteras.
Según datos oficiales, más de 260.000 chilenos de esta y otras ciudades quedaron afectados por el terremoto, al perder total o parcialmente su vivienda. Por ende, todas sus pertenencias. Ayer el Gobierno de San Juan hizo entrega oficial de un lote de ayuda en comestibles y otros bienes de primera necesidad por un valor de 750.000 pesos
Sobre las víctimas mortales, los números eran aún imprecisos ayer. Medios de comunicación locales señalaron que la cifra ronda las 800, aunque sólo teniendo en cuenta aquellos fallecidos ya identificados. Fuentes oficiales hablaban de un número levemente inferior, pero reconociendo que hay una cantidad aún no estimada de desaparecidos.
El otro signo perenne que dejó el terremoto en las calles de Talca es la militarización. La fuerte presencia de carabineros y soldados del Ejército Chileno en las calles marca desde el ingreso al hospital hasta la libertad de circular por las calles pasadas las 9 de la noche. Fue una medida dispuesta por el gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet que luego sostuvo su sucesor, Sebastián Piñera.
Con un arma larga, un soldado custodia el ingreso al hospital de campaña que se instaló con tiendas verde militar en un campo de fútbol, contiguo al nosocomio colonial que se agrietó seriamente la madrugada del sábado 27. En tan sólo media hora evacuaron a los 500 pacientes que estaban internados en ese lugar, según contó la directora del centro de salud, Carolina Chacón. Fueron momentos dramáticos. Todos los enfermos quedaron a la intemperie y en la más absoluta oscuridad. La situación cambió con los días, a llegar las tiendas de la cruz roja.
El centro comercial quedó sitiado por los montículos de adobes. La principal arteria, la de los negocios más visitados cada jornada, quedó reducida a un montón de escombros. Y hasta las celebraciones religiosas hoy tienen que realizarse al aire libre, por el riesgo de colapso de los templos más impactantes, como el del Colegio Don Bosco.

