Aunque considera que EEUU está más atento que antes, reconoce que no se puede estar completamente seguro frente a la expansión del terrorismo. Hijo de un ex vice canciller, el politólogo Ivan Petrella es licenciado en Relaciones Internacionales (Universidad de Georgetown) y doctor en Estudios Religiosos de la Universidad de Harvard.

Para el director académico de la Fundación Pensar -que se encarga de coordinar los equipos técnicos del macrismo-, EEUU no dejó de ser un destino preferido por los inmigrantes tras los ataques del 11-S. El especialista, que ha publicado varias columnas en el diario La Nación y que se ha desempeñado como analista en las cadenas Telemundo, Univision y PBT, describió a DIARIO DE CUYO cómo vive EEUU tras una década de los ataques del 11 de septiembre.

-¿Diez años después de los atentados del 11-S, qué cambió en EEUU?

-Un factor principal es que la preocupación por la seguridad no es la misma. Eso se ve desde un principio con las trabas que hay para entrar a ese país. El tema de la seguridad motivó las guerras en Afganistán y en Irak, que además generaron un desgaste tremendo para la economía norteamericana y que seguramente contribuyen a la crisis actual.

-¿El ataque del 11-S fue el puntapié inicial de una serie de tropezones que vienen sacudiendo a EEUU?

-Es un factor. No diría que es el factor fundamental porque claramente hubo temas internos como la burbuja inmobiliaria, que tienen un factor predominante. Pero obviamente se gasta muchísima plata en estas guerras. Ahora se está hablando de qué recortar para mantener cierto equilibrio en el presupuesto. Algo que se está discutiendo y que hacía muchísimo que ni siquiera se consideraba en EEUU es hacer recortes en gasto de defensa, lo cual muestra la urgencia de la situación. Hay que tener en cuenta que EEUU todavía hoy gasta más en armamento que las cinco potencias mundiales que tiene debajo.

-¿Está preparado EEUU para otro atentado de estas dimensiones?

-Nadie está preparado. EEUU ha tomado muchos recaudos. Todo da a suponer que EEUU está más atento, que ha mejorado sus niveles de seguridad. Pero, obviamente, estos son ataques que no los hace un ejército. O sea que nadie tiene aviso de estos ataques. Digamos que una o dos personas pueden poner una bomba en un subterráneo. Es muy difícil estar completamente preparado.

-¿Al Qaeda sigue siendo una amenaza o su poder ya ha quedado diezmado tras la muerte de Bin Laden?

-Todo da a suponer que su poder ha caído dentro del mundo árabe. Al mismo tiempo, Al Qaeda es una estructura de células independientes, donde en muchos casos no hay una especie de columna vertebral donde se maneja todo. Esas estructuras independientes hacen en el fondo lo que se les ocurre a ellos. Todo da a suponer que Al Qaeda está debilitada. Pero tampoco uno puede estar completamente seguro que esas estructuras independientes no existan todavía o que no se estén expandiendo en otras partes del mundo.

-¿Ha cambiado la relación entre EEUU y el mundo árabe?
-El presidente Barack Obama ha intentado de una manera muy abierta un acercamiento de EEUU a la cultura musulmana. Eso se vio en el discurso de Turquía (en abril del 2009, frente al parlamento de esa nación). Obama dijo aquella vez que ‘EEUU se ha enriquecido por norteamericanos musulmanes’. Y cierra diciendo: ‘yo lo sé porque soy uno de ellos’. Ese es un claro gesto de acercamiento, donde dice que las relaciones de EEUU con el mundo musulmán no se manejan exclusivamente por temas de terrorismo. En relación a Al Qaeda hay una lucha de baja intensidad con distintos focos, pero una lucha al fin.

-¿Las guerras de Irak y Afganistán mejoraron la situación de los habitantes?

-Acá el ex presidente George W. Bush tal vez se equivocó. La intención en su momento era que un Irak y Afganistán democráticos podría ser una especie de contagio para el resto de la región. No sabemos, tal vez la primavera árabe tiene alguna relación con eso. Quien sabe.

-¿La preocupación de EEUU por el terrorismo ha quedado en segundo plano frente a la crisis económica?

-En EEUU la seguridad es un tema fundamental. Pero, al mismo tiempo, para el ciudadano medio la crisis económica es claramente el problema.

-¿Hay un nuevo orden en las potencias internacionales después del 11-S?

-Muchos analistas anuncian el fin de la hegemonía norteamericana, el auge de China, etc. Mi postura es que es menos una declinación de EEUU y más un auge de otros países. Obviamente China está surgiendo como potencia. Pero es cierto que hoy EEUU tiene mayor dominio en las industrias que parecería van a marcar el futuro. Por ejemplo, en nanotecnología, en biotecnología tiene todavía las mejores universidades del mundo.

-¿EEUU dejó de ser un destino interesante para emigrantes?
-No. Sigue siendo el lugar donde van a estudiar los mejores jóvenes del mundo. En 2006, 40 por ciento de los doctorados de ciencia en EEUU fueron dados a estudiantes extranjeros o hijos de inmigrantes. En el 2010, el 75 por ciento.

-¿Se ha mantenido el nivel de psicosis de EEUU, diez años después de los atentados?
-Yo creo que ha bajado. Uno de los grandes logros ha sido que no ha habido otro atentado en suelo norteamericano. Pero a nivel de la población, hoy la psicosis es económica.

-¿Los argentinos están ajenos a la amenaza del terrorismo mundial?
-El tema de Medio Oriente y de la seguridad no es ajeno. Argentina es el país con mayor número de judíos y musulmanes en América latina. Somos un ejemplo de convivencia pacífica. Incluso, cuando ocurrieron los atentados del 11 de septiembre, Argentina fue el primer país del mundo en emitir un comunicado de condena firmado por los líderes de las tres religiones de raíz abrahámica.

Estos temas nos interesan por un lado por nuestra composición religiosa, y por último porque hemos sufrido el flagelo del terrorismo con los atentados en la Embajada de Israel y en la AMIA. Argentina no puede permanecer al margen de lo que está sucediendo en Medio Oriente.