Estados Unidos, 26 de junio.- Fue hace menos de 20 años que los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos retiraron abruptamente los fondos para una conferencia sobre genética y delitos después de los reclamos indignados de que la idea olía a eugenesia.


El presidente de la Asociación de Psicólogos Negros en ese entonces declaró que tal investigación era en sí misma “una forma descarada de estereotipos y racismo”.


La mancha histórica del uso de la biología para explicar el comportamiento delictivo ha empujado a los criminólogos a rechazar o ignorar a la genética y concentrarse en las causas sociales: pobreza miserable, adicciones corrosivas, armas. Ahora que ya se desarrolló la secuencia del genoma humano, y los científicos están estudiando la genética de áreas tan diversas como el alcoholismo y la filiación partidista, los criminólogos retornan cautelosamente al tema. Un reducido cuadro de expertos está explorando cómo podrían los genes resaltar el riesgo de cometer un delito y si se puede heredar tal rasgo.


Tal giro será evidente en la conferencia anual del Instituto Nacional de Justicia en Arlington, Virginia, Estados Unidos. Habrá un panel sobre la creación de bases de datos para la información sobre el ADN y “nuevos marcadores genéticos” que están descubriendo los científicos forenses.


“En los últimos 30 o 40 años, la mayoría de los criminólogos no podía decir la palabra ’genética’ sin escupir”, afirmó Terrie E. Moffitt, una científica del comportamiento en la Universidad Duke. “Hoy, las teorías modernas del delito y la violencia más convincentes entretejen los temas sociales y los biológicos”.


Los investigadores estiman que al menos 100 estudios han mostrado que los genes tienen una función en los delitos. “Muy buenos avances metodológicos han significado que se está realizando un amplio rango de trabajo genético”, señaló John H. Laub, el director del Instituto de Justicia, quien ganó la semana pasada el Premio Estocolmo de Criminología. No obstante, algunos como él se esfuerzan por enfatizar que a los genes los rige el ambiente, el cual puede mutar o agravar los impulsos violentos. Muchas personas con la misma tendencia genética hacia la agresividad nunca lanzarán un golpe, mientras que otras sin ella podrían ser delincuentes de carrera.


El tema aún plantea espinosas cuestiones éticas y políticas. ¿Una predisposición genética debería influir al momento de dictar una sentencia? ¿Se podrían usar pruebas genéticas para diseñar programas de rehabilitación para delincuentes en particular? ¿Se debería identificar a adultos o niños con un marcador biológico para la violencia?


Todos en el campo concuerdan en que no existe “un gen del delito”. Lo que la mayoría de los investigadores busca es rasgos heredados que se relacionan con la agresión y las conductas antisociales, que, a su vez, pueden conducir a los delitos violentos. No hay que esperar que alguien descubra cómo el ADN de alguien podría identificar al próximo Bernard L. Madoff.