Buenos Aires, 8 de marzo.- Dos soldados murieron y cuatro civiles resultaron heridos en un ataque terrorista contra un cuartel policial británico en el norte de Belfast, Irlanda del Norte, a 12 años del último atentado de este tipo y a dos de haber concluido con éxito la conformación de un gobierno de coalición.

El director de la investigación, Derek Williamson, dijo que se trató de "un intento de asesinato masivo". Inmediatamente, tanto el gobierno británico como su par norirlandés y todo el arco político repudiaron el hecho y confirmaron la prosecución del proceso de paz que acabó con décadas de enfrentamientos.

Se trata de una dura prueba para la región, donde la lucha entre católicos y protestantes dejó miles de muertos.

Si bien el hecho conmocionó, analistas políticos sostienen que no es del todo inesperado ya que recientemente el jefe policial de esta región británica, Sir Hugh Orde, había advertido que las posibilidades de que se produjera un atentado terrorista de envergadura eran "tan altas como hace diez años".

También Londres optó por reforzar la seguridad, ya que en 2007 y 2008 el servicio secreto británico concentró un 15 por ciento de su actividad en Irlanda del Norte. Aún no hay indicios sobre los autores del ataque, pero las primeras presunciones apuntan a disidentes republicanos que se oponen al proceso de paz en Irlanda del Norte.

Ningún grupo reivindicó el atentado. La hipótesis se fundamente en que reiteradamente disidentes del Ejército Republicano Irlandés (IRA) – que luchó por la independencia de Irlanda del Norte hasta que en 2005 renunció a la violencia- amenazan con intentar matar a policías, como ocurrió hace unas semanas cuando las fuerzas de seguridad desactivaron una bomba de casi 140 kilos.

El asalto tuvo lugar cuando soldados del 38 Regimiento de Ingeniería de Antrim ordenaran pizzas a un comercio llamado Domino’s. A la llegada del pedido, al menos dos hombres armados presuntamente asociados a un "grupo disidente republicano norirlandés" entraron en la base y abrieron fuego en el barracón, informó la agencia de noticias DPA.

Según fuentes policiales británicas, los asaltantes llegaron incluso a rematar a dos soldados heridos "al más puro estilo de una ejecución", en comentarios recogidos por el diario The Times en su edición digital.

Las edades de los soldados fallecidos se sitúan en torno a los 20 años y ambos tenían previsto viajar a Afganistán en los próximos días para integrar el servicio activo en la zona. De los heridos, uno se encuentra en estado crítico, otros dos en estado grave y el cuarto está estabilizado, pero también grave.

El incidente representa una dura prueba para el gobierno de coalición entre los otrora enemigos católicos y protestantes, aunque las inmediatas reacciones fueron de sostén para la alianza que permitió gobernar en paz después de décadas de violencia.

Así, el primer ministro norirlandés y líder del Partido Unionista Democrático (DUP), Peter Robinson, señaló que los hechos "recuerdan terriblemente acontecimientos del pasado", trasladó sus condolencias a los familiares e informó que pospondrá su viaje programado a los Estados Unidos.

Otro miembro del DUP en la Asamblea de Irlanda del Norte, Ian Paisley Jr., indicó que este hecho podría suponer un momento decisivo para la historia de la región. "Durante los últimos diez años, la gente creía que cosas como estas sólo ocurrían en otros países, en lugares como Basora (Irak).

Desgraciadamente, ha vuelto a ocurrir aquí", añadió. El partido republicano norirlandés Sinn Fein declaró que su deber es oponerse a lo que calificó de un acto "erróneo y contraproducente".

"Los responsables no tienen apoyo, no tienen estrategia para alcanzar una Irlanda unida", dijo el presidente del Sinn Fein, Gerry Adams, en una declaración dada a conocer por la agencia de noticias Europa Press.

"Su intención es traer a los soldados británicos de vuelta a las calles. Quieren destruir el progreso de los últimos tiempos y volver a hundir a Irlanda en el conflicto", agregó.

Por su parte, el primer ministro británico condenó "con firmeza" el incidente y aseguró que "todo el país está conmovido y enfadado por los ataques malvados y cobardes contra soldados que sirven a su país", añadió.

"Haremos todo lo que esté en nuestro poder para asegurar que Irlanda del Norte está a salvo y segura, y garantizo que llevaremos a estos asesinos antes la justicia", agregó el premier. En el mismo sentido, el ministro británico para Irlanda del Norte, Shaun Woodward, condenó el atentado calificándolo de "acto de barbarie criminal".

Sus autores nunca lograrán detener el proceso de paz en la región, aseguró. También Downing Street condenó el ataque en un comunicado. Desde Bruselas, el presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert P"ttering, emitió un comunicado calificando el atentado de "ataque despreciable y criminal (…) contra las instituciones democráticas de Irlanda del Norte".

Durante décadas Irlanda del Norte fue escenario de luchas sangrientas entre protestantes probritánicos y católicos proirlandeses, hasta que en 1998 el acuerdo del Viernes Santo sentó las bases para que se iniciara el proceso de paz, que desembocó en el actual gobierno de coalición.

El conflicto causó la muerte a más de 3.500 personas desde los años 60, la mayoría víctimas del IRA.