Enfundada en un traje blanco y con rostro de cansancio, Dilma Rousseff compareció ante sus simpatizantes para denunciar ‘un golpe de Estado’ como minutos antes había hecho en conferencia de prensa.
‘Lo que más duele es la traición y la injusticia‘. Con estas palabras Dilma se despidió de los simpatizantes en las puertas del Palacio de Planalto, sede del Ejecutivo brasileño.
Arropada por algunos de sus más cercanos colaboradores, entre ellos el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, Rousseff se mantuvo serena en su despedida, aunque por momentos se le quebró la voz y se le empañaron los ojos cuando abandonaba la sede del Ejecutivo.
Evitó usar la rampa utilizada por los presidentes cuando dejan el poder y salió por un camino lateral tras insistir en que el ‘impeachment‘ carece de base jurídica y se trata de un ‘golpe de Estado‘ que ha puesto en juego ‘el futuro de Brasil‘.
‘Tengo el orgullo de ser la primera mujer electa presidenta de Brasil‘ y ‘lucharé con todos los instrumentos legales para ejercer mi mandado hasta el fin‘, afirmó. Allí denunció que sufrió ‘la mayor de las brutalidades que se puede cometer contra un ser humano: castigarlo por un crimen que no cometió‘.
La mandataria recordó que no es la primera vez que ha sufrido una dura experiencia en su vida, tras las torturas recibidas en la cárcel y el cáncer que se le detectó en 2009. ‘Conseguí vencerlos siempre, pero ahora sufro el dolor de la injusticia y lo que mas duele es la injusticia, el percibir que soy víctima de una farsa jurídica y política‘ cuando ‘creía que ya no sería necesario volver a luchar contra un golpe‘, declaró con la voz entrecortada.
Tras reivindicar los logros sociales de los Gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) que inauguró Lula en 2003, llamó a sus partidarios a mantenerse ‘movilizados, unidos y en paz‘, porque ‘la lucha por la democracia no tiene una fecha para acabar‘.
‘El mayor riesgo en este momento es que el país sea dirigido por los sin votos, aquellos que no fueron elegidos por la población y que no tienen legitimidad para enfrentar los desafíos‘ de Brasil, denunció en alusión a su exvicepresidente, Michel Temer.
Ya fuera del palacio, Rousseff fue recibida con gritos de ‘Dilma guerrera de la patria brasileña‘, ‘resistencia‘ y ‘fuera Temer‘. ‘Puedo haber cometido errores, pero nunca cometí un crimen‘, proclamó Rousseff ante los cerca de 3.000 seguidores del PT concentrados para despedirla.
‘En esta hora trágica para Brasil‘, continuó, ‘lo que más duele es la injusticia y la traición‘, aunque ‘ustedes hacen que la tristeza disminuya‘, concluyó Rousseff, escoltada, entre otros, por Lula, su padrino político, visiblemente abatido y en un discreto segundo plano.
