Inquieta, soñadora y curiosa son palabras que caracterizan a Violeta Pérez Lobos. Sin embargo, si hay una que la define es "artista". Generación de grandes maestros, su nombre es sinónimo de danza en la provincia, donde -en los comienzos junto al recordado Juan Carlos Abraham- ha formado a generaciones de bailarines, en esos salones de ese Estudio Coreográfico Argentino que hoy atesora cientos de fotos y recuerdos, pero también promesas, que antes de pasar a tomar su clase la saludan con un cariñoso beso. Sin embargo, su espíritu vivaz fue buscando más formas de comunicar ese rico mundo interior que bien supieron alimentar sus padres, cuando aún era una niña y su vocación artística despuntaba con fuerza, acompañada quizás por la música de su abuelo, el gran pianista Inocencio Aguado. Hoy, con 70 años consagrados a la danza y a sus afectos, Violeta decidió publicar su primer libro, con escritos que guardaba hace varios años, otros más nuevos; y también ilustraciones propias. "Cantar de mis emociones" es el título que le dio a su "opera prima", editado por la Municipalidad de la Capital y que junto a SADE será presentado el martes próximo, a las 17.30, en el Teatro Municipal, con entrada libre.
"Lo más sustancioso que hay en este libro es su naturalidad. Ella no tiene dobleces", comentó Ada Gámez, eslabón fundamental en esta feliz iniciativa. Pero esas poesías con las que Violeta ama, homenajea y añora, no serán la única expresión artística de esa velada. También habrá una exposición fotográfica sobre distintos momentos de su prolífica carrera y con dibujos propios. Y además, el actual ballet del Estudio -dirigido por Soledad Gómez- recreará fragmentos de tres de sus más emblemáticas coreografías: el Requiem de Mozart, La consagración de la primavera y María de Buenos Aires.
"Mi padre, que era un adelantado, me alentó a seguir mi vocación. Pero este libro se lo dedico a mi madre, porque siempre me decía ¿Por qué no publicás? Yo siempre iba a su mesita de luz y le dejaba los altos de poesías. Yo sabía que algunas eran más o menos y otras horribles; y al otro día esperaba con ansias a ver qué me decía. "Ay qué hermoso, tenés que publicar", insistía ella’, cuenta Violeta. "También se lo debería dedicar a Fernando, mi esposo, mi gran compañero. A él le encantan mis poemas… Este año le dije "soy tan caradura que me gustaría publicar’, y él me ayudó muchísimo… pero bueno, sabe que la madre es la madre", agrega con una sonrisa Violeta, quien este año fue una de las personalidades distinguidas por el Ministerio de Desarrollo Humano y declarada Ciudadana Ilustre por la comuna capitalina. Y que -junto a otros grandes de la escena como Pepe Campus y Oscar Kümmel- el año pasado recibió un merecido homenaje en la Fiesta Provincial del Teatro.
"Escribir es algo que me sale del corazón, por eso le puse Cantar de mis emociones", agrega Pérez Lobos, a quien le encanta estar en su estudio, rodeada de sus bailarinas "que me han acompañado en momentos difíciles’, cuenta conmovida. "También me gustaría estudiar pintura, y actuar… soy una actriz frustrada… con Kümmel hicimos tantas cosas… ahora no está bien, pero dice que se acuerda de mí. Y con Juan Carlos, que fue como mi hermano, imposible olvidarlo", se explaya Violeta, que se llena de nostalgia en cada mirada hacia atrás; pero que arremete hacia adelante, "porque hay que honrar la vida".
"Yo me siento muy respetada por mis colegas, y las quiero mucho. Sé que la gente me quiere mucho, tengo varios homenajes, que son mimos, pero no me la creo. A mi marido le digo ¿qué me verán porque es horrible como bailo? (risas)", confiesa, siempre autocrítica. Y reflexiona: "Pero después de mucho tiempo me he visto bailar… He tenido que verme bailar en un video ahora para darme cuenta lo que he sido. Recién ahora me estoy reconociendo. Y me siento feliz".

