La sola idea ya llamaba la despertaba curiosidad. Acostumbrados a los rótulos, costaba imaginar a una formación de traje oscuro y raíz clásica, como la reconocida Camerata de San Juan que dirige el maestro Gustavo Plis Sterenberg tocando rock o bachata, junto a músicos populares. Pero el recital de anoche en Plaza España demostró que se puede ¡Y cómo! La mixtura de artistas sanjuaninos fue la frutilla del postre del Otoño Cultural. Con arreglos de Enzo Pérez, la Camerata arrancó sola, con dos temas clásicos (Vivaldi y Strauss) y luego comenzó a recibir al resto de los artistas sanjuaninos. El primero fue el histriónico Claudio Rojas, a quien acompañó en Chiquilín de Bachín y Milonga Sentimental. Luego los folclorísimos Díaz-Heredia. La festiva Cuyana cosechadora y -sobre todo- Vuelta y fuera la empanada amalgamaron muy bien las excelentes voces e instrumentos, aunque la típica energía festivalera se notó encorsetada. De hecho, a los mismos músicos se les iban las palmas, que contuvieron en pos de la versión. Pero fue sin dudas la llegada de La Oveja Negra y los García, lo más colorido. Con su clásico desparpajo, sus rastas y su insólita vestimenta, el nutrido grupo ingresó en fila india, ya haciendo sonar sus estridentes trompetas a la par de los violines. Descontracturado, el vocalista no tardó en conquistar al público -escaso, tal vez por el frío- y también al director, que peló el saco y -exultante, a camisa roja- se sacudió batuta en mano con A paso de oveja. "¡Si se levanta Mozart!", le tiró García a Plis Sterenberg antes de fundirse en un abrazo. La Costa, el combo tropical, recibió la posta en la misma sintonía, para entonar una bachata (ellos querían una cumbia, pero…) que también hizo menear a la gente. La señora de tapado y la chica de campera escolar, el señor de gomina y el chico de bolsito universitario, todos disfrutaron del show, que integró arriba y abajo del escenario. Incluso los muchachos caminoneros de Catamarca, que habían venido al acto de Moyano (botella plástica con vino o vaso de cerveza en mano) se dieron una vueltita por la plaza. La fiesta terminó con Amándote, al que le faltó un poco de polenta (o de ensayo). Pero la idea resultó y prendió. Digna de un bis.