En un paraje alejado de la ciudad, rodeado de árboles y fincas, respirando el verde aire natural del entorno, músicos independientes de muchas procedencias del país y también, los propios de San Juan se congregaron durante todo el fin de semana para compartir una experiencia enriquecedora, de conocimientos, arte, saberes, sonidos y en definitiva, de cultura.
Se trata de la tercera edición consecutiva de "Huella Argentina", un encuentro de la música organizado por el Programa Igualdad Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación, que se desarrolló en el predio denominado "Primera Estrella", en Pocito. En el recital inaugural, que tuvo lugar durante la noche del viernes, actuaron Hugo Rivella, Fabricio Pérez, Topo Encinar, Francesa Ancarola y Aymama, quienes deleitaron con sus repertorios a niños, jóvenes y adultos, con una vibrante energía dejando plasmado sus improntas, estilos y sonidos particulares. Pero el número principal fue el maestro Juan Falú, quien con su sola presencia arriba del escenario, su guitarra y su carisma para ejecutar, inundó de paz al auditorio. Inició con una versión encantadora de "Alfonsina y el mar" y posteriormente interpretó tonadas, gatos, cuecas y otras melodías hasta la madrugada. Un lujo para los oídos de numerosos artistas y colegas que estaban presentes y terminaron ovacionando al tucumano.
El cruce y la convivencia
El desarrollo del encuentro consistió no sólo en las puestas de escena, también en la experimentación, el aprendizaje, el intercambio y la convivencia personal entre los artistas que asistieron voluntariamente a la convocatoria, de manera totalmente gratuita. Hubo artistas alojados en cabañas y llegaron de Mendoza, Tucumán, Córdoba, Buenos Aires y Chile. Hubo una serie de talleres de formación en guitarra, danza y percusión. En ellos, estuvieron importantes figuras de la música folklórica nacional dando las clases como Silvia Zerbini, Quique Öesch, Chato Díaz y el propio Falú.
Desde temprano, se trabajó en nuevas técnicas, lenguajes y conceptos para ponerlos rápidamente en práctica. En guitarra, por ejemplo, Chato Díaz enseñaba los acordes para una zamba con tonos y fórmulas diferentes. En percusión, Öesch, uruguayo que viene de Mendoza y fundador de las murgas mendocinas, ofreció otras maneras de hacer ritmos folklóricos, peruanos y candombe; tanto en bombo legüero, batería y cajón e incluso corporizar los sonidos con la palabra, las manos y el cuerpo. Como trabajo especial, Diago Marioni desarrolló una actividad de extensión a los chicos de una escuela rural de la zona, para preparar canciones folklóricas infantiles que se podrá apreciar hoy. (Ver aparte)
Por otro lado, hubo un espacio especial para la cerámica, dado por el Taller Cinco Elementos del albardonero Luís Fernando Motta, combinaron armoniosamente la cerámica con arcilla de barro y la música, contando con la participación de niños de la zona para armar un mural colectivo cuya imagen sintetizará el espíritu del encuentro a lo largo de tres días.

