Ayer como nunca, casi todos los jachalleros coincidieron en que se tornaba necesario visitar el hermoso valle de los ‘verdes alfalfares y el huerto en flor’ para testimoniar con la presencia y el entusiasmo a uno de sus hijos dilectos, su máxima expresión poética: Eusebio de Jesús Dojorti, el inmortal Buenaventura Luna, ‘el gran olvidao’ al decir de las sentencias magníficas de Atahualpa Yupanqui… Quizás sea por la cobertura de DIARIO DE CUYO al cumplirse el 60º aniversario de la llegada de sus restos y el 61º de su muerte, documento que sorprendió a la comunidad norteña sobre la llegada de su hijo dilecto en 1956 a su tierra añorada; quizá porque lo emotivo continuó con una ceremonia cálida y simple en el camposanto huaqueño; quizá por la agradable y calurosa siesta huaqueña que acarició a más de mil personas que, por el camino sinuoso de la maravillosa cuesta huaqueña o por el bajo por los pagos de San Roque, llegaron al molino viejo de los Dojorti de 1884, todo confluyó en una hermosa jornada dominguera. Allí esperaban las instituciones huaqueñas como la Capilla de San Nicolas de Bari del Alto Huaco, La Unión Vecinal Buenaventura Luna del Alto Huaco, la Cooperadora de la Escuela Alfredo Calcagno y los inquietos integrantes de 6to Año de la Escuela Agrotécnica de Huaco, que prepararon cientos de pasteles, litros de locro, empanadas al por mayor y algunos chivos para satisfacer el paladar de miles de peregrinos y turistas que disfrutaron de un gran festival. Junto a Jorge Darío Bence y el jachallero Juan ‘Tata’ Ahumada en la conducción, y la música de valiosos artistas locales e invitados, se renovó la alianza con el gran vate, en un clima de fiesta y de tradición.
Huaco: una alianza renovada

