Agustín Buffagni jamás resignó sus sueños ni sus convicciones a pesar de las circunstancias. Su caso quizás sea uno de muchos, entre tantos jóvenes que buscan trascender con lo que hacen. Sin embargo, lo que hace especial es que a muy corta edad tuvo un ascenso vertiginoso al ingresar a las filas de uno de los grupos más convocantes del cuarteto argentino en la actualidad. Y junto a Q’Lokura volverá a la provincia a dar un explosivo show en La Meseta, el jueves 28 de septiembre. El trompetista jugará a la vez de local y de visitante, emocionado por tocar con la banda cordobesa a la que pertenece y en su propio pago. De esto conversó con DIARIO DE CUYO y no pudo ocultar su alegría: "La verdad que me pone muy feliz actuar en la tierra de mis raíces. Será un reencuentro emotivo y volveré a estar con gente que ya no veo tan seguido, pero que tengo siempre presente", dijo el trompetista.
Su incorporación fue en diciembre del año pasado y permanece de gira con Q’Lokura con una intensa agenda de actuaciones, unos cinco recitales a la semana. Desde que se subió a esta aventura, se traslada junto a un staff de 50 personas -contando técnicos, asistentes, músicos, productores- en dos motorhomes; o cuando las distancias a recorrer son más extensas, en avión. De cualquier forma, Agustín está cumpliendo su gran sueño de estar jugando en la primera división de las grandes ligas de la música popular. Pero para llegar a eso, el camino no ha sido sencillo.
Desde temprana edad recibió el apoyo de su padrastro Mauricio y de su madre Vanesa, que dirigían el grupo local El Mambo. Con la trompeta en sus manos, se educó en la Escuela de Música de la UNSJ. Desde 2015 hasta 2016 Agustín se hizo conocido como sesionista, invitado a participar en la Orquesta Sinfónica de la UNSJ en 2017 y tuvo participación en la ópera Aída, con el elenco del Teatro Colón, en 2018 (cuando se desarrolló en el Teatro del Bicentenario). Hizo masterclass con profesores como Pacho Flores (Venezuela), Arturo Sandoval (Cuba), Sergei Nakariakov (Rusia) y Reinhold Friedrich (Alemania) entre varios otros de renombre internacional. Sus profesores de cátedra, Fernando Naser y Camila Vaquero, fueron quienes lo guiaron en sus primeros años artísticos. En paralelo y por fuera del ámbito académico, el trompetista ya había tenido roce con reconocidos íconos de la música cuartetera como El Rey Pelusa, Sabroso, La Barra y Ale Ceberio, a los cuales prestaba colaboración. Cuando terminó sus estudios y justo en el momento de la pandemia, hubo un quiebre significativo: tomó la determinante decisión de radicarse en Córdoba poco tiempo después de levantarse la cuarentena en 2021.
"Decidí irme a Córdoba porque sentí que cumplí un ciclo en la provincia y necesitaba un cambio de aire, aspirar a nuevas metas, pero para ello tenía que salir de San Juan para lograr una estabilidad y cumplir mi sueño de estar en un grupo importante. Al principio fue difícil, al establecerme tuve que salir todos los días a tocar en la calle y en los semáforos y trabajar a la gorra por la moneda del día. Estar solo en una gran ciudad fue duro, pasé necesidades, pero sabía que había que aguantar y seguir insistiendo. Golpeé muchas puertas y cuando recién pude acomodarme un poco, me llamó Lisandro Márquez (ex cantante de Sabroso) y ese fue el gran ascenso", contó el caucetero. Luego de un año y medio trabajando con Lisandro, volvió a tener un impasse laboral, hasta que en diciembre recibió otro llamado inesperado: la convocatoria de Nicolás Sattler y Facundo Herrera, los cantantes de Q’Lokura.
"Me siento parte de un gran colectivo en el que cada pieza es fundamental para que la máquina funcione. Cuando subimos al escenario, hay una fuerza mayor que nos conecta a todos".
"Venían siguiéndome hace tiempo, al principio tenía dudas por la oferta, pero finalmente acepté con seguridad y hasta la fecha, lo que estoy pasando con ellos es verdaderamente una locura por el ritmo de trabajo y la demanda que hay. Es tremendo, ni siquiera tuve tiempo de procesar todo esto. Hubo cambios profundos y estar viajando por todo el país de Norte a Sur y de Este a Oeste con ellos, es el gran sueño haciéndose realidad", dijo Buffagni.
Adaptarse sobre la marcha y conectar con los demás miembros de la banda es algo que fue dándose en el camino: "Estoy en un ambiente muy profesional, sano y de mucha contención. No sé qué pudieron ver en mí, todavía no se los pregunté, pero a esta altura creo que hago un gran aporte en lo humano y en lo artístico. Me siento parte de un gran colectivo en el que cada pieza es fundamental para que la máquina funcione. Cuando subimos al escenario, hay una fuerza mayor que nos conecta a todos y devolvemos esa energía al público", expresó el músico.

Subido a este tren de euforia, Agustín no desatiende otros aspectos de su carrera que dan continuidad a su proyecto solista, sobre todo en materia de composición y en la preparación de otros instrumentos como el piano y la guitarra. Tampoco olvida su pasado académico y cada vez que regresa a sus pagos, disfruta ver cómo otros jóvenes igual a él se esfuerzan por superarse.
"Tuve años muy lindos con mis compañeros y profesores que me cuidaron en tiempos difíciles. Los estudiantes y músicos de la Universidad Nacional de San Juan tienen un nivel artístico excelente y muy buena forma. Espero que lo que me sucede ahora sirva de motivación a muchos jóvenes, porque si bien es difícil crecer en San Juan, no hay que bajar los brazos. Hay que buscar las oportunidades. Todo se puede lograr, con esfuerzo, dedicación, estudio, responsabilidad y constancia. Yo sí creo que se puede llegar lejos", manifestó el trompetista.

