Alfredo Alcón fue un maestro de la actuación, aunque a él -perfil bajo como era- le diera tremendo pudor el merecido título. Por eso, y por el gran cariño que cosechó (algo que, decía, le importaba mucho más que la unánime admiración que también supo conseguir a lo largo de 50 años de lucirse en teatro, cine y televisión) es que el ambiente artístico y sus seguidores quedaron consternados tras la noticia de su muerte, ocurrida ayer en la madrugada, por una "grave insuficiencia respiratoria", según se comunicó. No fue una sorpresa, es cierto, ya que el eximio actor que en marzo había cumplido 84 años, venía sufriendo una serie de recaídas. Luego de reiterados episodios respiratorios que obligaron varias veces su internación e incluso hicieron temer por su vida, hace cuatro meses fue operado del intestino (padecía cáncer de colon). Aunque no logró recuperarse, estaba en su casa y allí, en su mundo de Barrio Norte, Alfredo Félix Alcón Riesco era contenido por sus familiares y amigos, que lo visitaban a menudo. Guillermo Francella, Nicolás Cabré, Adrián Suar, Juan Gil Navarro, Peto Menahem, Joaquín Furriel fueron algunos de los que estuvieron con él en las últimas horas, según publicó La Nación. Luego se despidieron, en vida, y "lo dejaron descansar’.
"Nos llamaron porque le quedaba muy poquito, horas. Yo llegué a las 12 y estuvimos hasta las tres de la mañana con otros actores que lo queríamos mucho’, le contó conmovido Francella a TN sobre este intérprete considerado el "primer actor argentino’, que en épocas de dictadura se exilió en España, tierra de sus abuelos.
Nacido el 3 de marzo de 1930 y egresado del Conservatorio Nacional, sus primeros pasos fueron en la radio nacional. Al poco tiempo debutó en cine junto a Mirtha Legrand con El amor nunca muere (1955), y aunque debió lidiar con el rótulo de galán, pronto demostraría que era mucho más que eso. Con honores regresó más de 40 veces a la pantalla grande (muchos recuerdan su rol del Maligno en Nazareno Cruz y el lobo de Leonardo Favio; y sus performances en Pubis angelical, El santo de la espada y Los 7 locos, por citar algunas), dio cátedra desde las tablas nacionales y extranjeras (fue un especialista en clásicos) y permitió a esos espectadores que no tenían acceso a su teatro, disfrutarlo a través de la televisión (la mayoría de sus trabajos en este rubro fueron con Suar, como Vulnerables, Locas de amor y Herederos de una venganza).
El último gusto que se dio fue el año pasado. Final de partida, se llamó, una joya teatral de Samuel Beckett que dirigió y actuó junto a Joaquín Furriel y elenco. Una obra maestra, encabezada por "El Maestro" y cuyo título suena hoy casi premonitorio.

