Con su enorme barba, morral al hombro y gorra sobre su melena plateada; en su despintado Jeep o en la bicicleta que pedaleaba poseído por esas musas que lo llevaban vaya a saber hacia qué mundos, o simplemente con ese paso cansino que lo delataba a la legua; Oscar Kummel transitó su vida de escenario en escenario, hasta ayer, cuando emprendió el gran viaje. Maestro de maestros, a los 77 años falleció a causa de una complicación pulmonar que hace una década agravó su delicado estado de salud, y que finalmente cerró sus ojos celestes como este cielo sanjuanino que lo cobijó, en su hogar de la Villa Mallea, rodeado de sus seres queridos.

"A los problemas de columna que ya tenía y le impedían caminar, se le sumó el Alzheimer, el Parkinson y un achicamiento del cerebelo. Recuerdo que me dijo: Nada de enfermedades fáciles para mí’, relató su esposa Inge Schwenke, su fiel sostén, madre de sus tres hijos Katia (que le dio su nieta Arian, de 21 años), Naira (madre de Bruno, 9 meses) y Federico (padre de Luana, de 3 años) y con quien el año que viene hubiesen cumplido las bodas de oro.

Pionero del arte sanjuanino, descubrió la actuación hacia fines del "50, luego de un curso que vino a dictar Adelaida Hernández de Castagnino desde Buenos Aires, organizado por la Dirección de Cultura que dirigía el poeta Rufino Martínez.

Iluminado por el fuego de las tablas, formó parte del Instituto Superior de Arte (ISA) cuyo edificio se construyó en el Parque de Mayo luego del terremoto que asoló San Juan en 1944 y quedó en la memoria colectiva como El Globito.

Mimo, titiritero, actor, docente y director; allí, fue profesor y director de la Escuela de Títeres hasta que sus puertas se cerraron en 1965.

Formador de actores, siguió su carrera en el primer piso del Teatro Sarmiento y también el Instituto Alemán; en este último continuó con sus talleres para niños y jóvenes apuntalado por su discípula, Pilar Murcia. Con los más bajitos; Kummel estableció una conexión especial entre telas, máscaras, pelucas e incluso dejando que se le "subieran a la cabeza", como decía con una sonrisa compradora el hombre que se recibió de enólogo por mandato de su padre pero nunca ejerció y que prefería levantarse apenas se asomaba el sol porque "ya tendría tiempo de dormir".

Entre más de 50 obras a su mando y prácticamente la misma cantidad como actor; su primer protagónico fue en El Apolo de Bellac, su presentación como director fue con Médico a palos de Moliére y su bautismo de fuego, fuera de la provincia fue con Jaque a la reina de Santillán.

En 1971 creó su propia compañía. Se llamó Nuestro Nuevo Teatro y allí fueron a parar sus alumnos más avanzados. "Mi elenco me dio mucho orgullo", dijo en la última entrevista que dio a DIARIO DE CUYO en 2009, con su mirada celeste y cristalina, entre las máscaras que comenzó a moldear para escenografías y muñecos, esas que dieron vida a sus producciones y luego se convirtieron en su refugio, en los últimos años lejos del proscenio.

Soñador, innovador, aventurero y bohemio, descendiente de alemanes, nacido en Guaymallén (Mendoza) y criado en Barreal; en TV, hizo San Juan en Alta Visión, en Salud Pública trabajó durante 10 años y 11 en Radio Sarmiento; hasta que dejó todo por su pasión: el teatro.

Una sola asignatura le quedó pendiente: ponerse en la piel de Don Quijote de la Mancha, personaje con el que soñó despedirse de la escena local, porque decía sentirse Miguel de Cervantes Saavedra. Sin embargo, nunca pudo conseguir los permisos para estrenar su adaptación, por tratarse de un clásico. Más tarde, el proyecto quedaría en reposo a causa de los varios desmayos que había sufrido.

Sus dos grandes "quijotadas", como le gustaba decir, fueron: Angelino (en 1984, un acontecimiento para el teatro local con su grupo Los mimos de Drum, integrado por Juan Carlos Carta, Patricia Savastano, Carlota Herrera y otros) y Argimón (en los "90, una pieza con la que ganó premios y recorrió el país con actores como Ariel Sampaolesi, Rosita Yunes, Ana Heredia, Mónica Martín y Gastón Mori) donde logró lo que siempre quiso: volar, aunque fuera con alas de papel. Entrañable y querido en el ruedo artístico, "el profe" se fue de gira, solamente.