Los colores de la tierra dominan el paisaje en Mogna, pero dentro y alrededor de las humildes viviendas, las mujeres traman coloridos diseños que se alzan como vibrantes flores. No es extraño ver un tablón con jergones y alforjas en la puerta de alguna casa de la calle principal, atrapando a los visitantes e invitándolos a conocer las historias que se tejen detrás de cada lazada. Legado transmitido de generación en generación, a fuerza de no rendirse las artesanas del pueblo jachallero lograron trascender tiempos y fronteras hasta hoy que, revalorizadas, se lucen orgullosas dentro y fuera de la provincia. Recientemente, por ejemplo, cosecharon elogios nada menos que en la Casa Natal de Sarmiento, que dirige Silvina Vazquez, donde -en el marco del programa "Tramas Andinas – Telares y Comunidad" (ver aparte)- el despliegue de mantas, frazadas, chalinas, peleros, ponchos y demás fue también una dulce evocación a otra tejedora como ellas, la anfitriona, Doña Paula.
Piezas únicas, las flores de Mogna fueron bien acomodadas en el patio trasero del Museo, custodiadas por sus propias hacedoras: Rita Páez, abanderada de esta comitiva, y la agrupación Artesanas Moquineras, que integran algunas de sus descendientes. Felices de ser reconocidas y visibilizadas, compartieron sus saberes y contaron algo de lo que significa ser hoy una artesana de Mogna.
"No hace tanto que la gente le ha tomado tanto amor a la artesanía. Antes trabajábamos para nosotros nomás, nadie nos daba el valor que nos dan ahora", confesó a DIARIO DE CUYO Rita Páez, quien junto a su hermana Natividad -que no pudo venir esta vez- son palabra santa en la materia. Sentadita, con las manos sobre el regazo, contemplaba todo el movimiento a su alrededor, impensado en sus años de juventud. "Así es, ahora se le está dando más importancia", ratificó Margarita Sánchez, una de artesanas que hicieron causa común hace 15 años, cuando desde la UNSJ comenzaron a viajar a Mogna para brindarles capacitaciones con el programa San Juan Artesano, del que Vazaquez fue parte como docente. Entonces formaron Artesanas Moquineras. "Nos empezaron a ayudar, nos enseñaron a hacer ropa, diseños, nos orientaban… En grupo trabajamos mejor porque nos vamos dándonos idea, emprolijando las cosas", contó Margarita. "A veces ponemos una tela en mi casa, otra en la de Silvana, porque no tenemos un espacio. Nos ayudamos y si se vende, primero sacamos para el material y después repartimos", explicó. "Hemos crecido muchísimo desde que estamos juntas", acotó Silvana González, quien aclaró que si bien hay otras artesanas que no están en el grupo, siempre están en contacto. Además la idea es seguir sumando, sobre todo a las nuevas generaciones.
"Nosotros no queremos que se pierda esto", señaló Edita Fernández. "Por eso queremos que entren más jóvenes, tenemos mucho para enseñar y ese es el objetivo, que no se pierda la tradición del tejido en Mogna", continuó Sánchez. Afortunadamente, cada tanto alguna joven curiosidad se manifiesta, incluso dentro de sus propias familias, y ellas aseguran que seguirán ahí, como hasta ahora, para incentivarla. Después de todo son el eslabón que une pasado de sacrificada y sostenida siembra y futuro de renovación y esperanza.
Un hada en el telar

Rita Páez es indiscutida referente en su pueblo. Como muchas, empezó por costumbre, también por necesidad, pero fue enamorándose del telar. "Empecé a los 16 ahora tengo 92. Aprendí lo que sé de mi madre y de lo poco que sé le he enseñado a mi hija y nietas. Tenía 7 hijos y tenía que mantenerlos, porque es un departamentito humilde, los maridos iban a buscar las changas y la vida ha sido más sufrida. Yo hacía telas y las vendía, o tejía ajeno y así mantenía a mis hijos, para que coman, se vistan…", contó a DIARIO DE CUYO Rita. "Ahora se valora una tela, se la puede vender bien, que le alcance; antes la vendía por la nada porque lo necesitaba. En buena hora, que aprovechen las artesanas más jóvenes, me alegro mucho y les digo que es una gran suerte que tienen ellas", agregó la lúcida artesana.
"Para una que no ha tenido cómo estudiar, ha sido la forma de buscarse la vida. Pero el telar también me ha dado mucha alegría porque gracias a Dios me siento bien y me reconoce mucha gente como artesana. Para los años que tengo doy gracias que puedo manejarme bien y así la voy pasando. Yo pienso seguir adelante y pedirle a Dios que me ayude a seguir tejiendo hasta que se acuerde de mí", dijo con su hablar sereno esta moquinera que nunca pensó dejar su pueblo. "He nacido y me he criado en Mogna, me es duro salir, y ahora más vieja, menos!", cerró con una sonrisa.



Una casa de puertas abiertas

Silvina Vazquez es directora de la Casa Natal y Museo Sarmiento, al frente del programa "Tramas Andinas – Telares y Comunidad", en el marco del cual tuvo lugar esta primera intervención de artesanas de Mogna. "Desde el año pasado nos planteamos un museo más permeable, que deje entrar a diversas comunidades a habitar la casa y que también salga. Ahí nació este programa cuyo objetivo es la visibilización del textil sanjuanino y de sus hacedoras, considerando que allí están expresadas sus vidas y sentires. La trama del telar se traslada a las relaciones sociales generando un entramado muy fuerte entre ellas", expresó la funcionaria, quien destacó cómo el resignificar su cotidianeidad como obra de arte y ser ellas actoras principales, cambia el modo en que otros y ellas mismas se valoran. La próxima estación del programa será Valle Fértil.

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