Es despistada, espontánea, simpática, incorregible… ¡pero encantadora! Tanto que siendo un personaje más de otra película, se ganó su propia estrella y ahora debuta como protagonista de su propio film: se trata de Dory, la olvidadiza pecesita que ayudó a Marlín a buscar a Nemo… y que al parecer, será él junto a su padre quienes deberán buscarla a ella ahora; o mejor dicho, a bucear en un pasado que claramente olvidó, para encontrarse con sí misma.
Realizada en 3D, dirigida por Andrew Stanton y con el sello de Pixar, la aventura comienza cuando Dory repentinamente recuerda que tiene una familia en algún lugar que puede estar buscándola. Entonces el intrépido trío parte en una aventura a través del océano hacia el prestigioso Instituto de la Vida Marina, un centro de rehabilitación y acuario en California. En un esfuerzo por encontrar a su mamá y papá, Dory recluta la ayuda de tres de los residentes más intrigantes del Instituto: Hank, un pulpo cascarrabias con poca paciencia para los empleados; Bailey, una ballena beluga que está convencida de que ha perdido sus habilidades de ecolocalización; y Destiny, un tiburón ballena miope. Navegando hábilmente a través de las complejas aguas del Instituto de la Vida Marina, Dory y sus amigos descubren la magia de los defectos, las amistades y la familia.
Un dato interesante: en la versión original, la voz de Dory es Ellen De Generes, Diane Keaton hace a Jenny, la madre de Dory y Willem Dafoe es Gill, el ídolo moro.

